HISTORIA DE SUPERACIÓN

De la camilla del hospital a recorrer el mundo en bicicleta

Un accidente cambió la vida de Fernando Domínguez, un riojano residente en Vizcaya, que pasó meses de dura rehabilitación para, ahora, recorrer el mundo en bici con su pareja.

Fernando Domínguez y su pareja Verónica en una de las etapas.
Fernando Domínguez y su pareja Verónica en una de las etapas.
De la camilla del hospital a recorrer el mundo en bicicleta

La existencia del español Fernando Domínguez cambió radicalmente, de la camilla del hospital a la bicicleta, cuando un accidente le hizo replantearse su filosofía de vida y decidió, junto a su pareja, recorrer el mundo.

Domínguez, un riojano que ha vivido desde siempre en Vizcaya, se fracturó la séptima vértebra cervical en cuatro trozos cuando el cuadro de su bicicleta de enduro se rompió al bajar la rampa de su garaje hace diez años.

"Me di contra el marco de la puerta que es una barra de acero, y rompí el casco, volando, pesaba 100 kilos", recuerda Domínguez, que trabajaba en el sector público.

Atrás queda el recuerdo de los meses de rehabilitación, prótesis, muletas y la operación -periodo del que Domínguez borró todas las fotografías-, y una larga lista de países ocupa ahora su memoria y su retina.

Francia, Europa del Este, Turquía, Omán, Nepal, Malasia... son solo algunos de los países por los que han pedaleado a lo largo de 23.000 kilómetros en dos años de viaje desde la localidad de Basauri hasta Phnom Penh, la capital de Camboya.

Junto al español viaja su pareja, Veronika, que no sabía montar en bicicleta antes de plantearse la aventura y que cuenta que la idea se le ocurrió al ver a otros ciclistas durante un viaje por Asia Central en motocicleta en 2011.

"Vimos a personas de diferente edad, había señores de 60 años que iban por las montañas y me pareció que si ellos podían, yo también podía", explica la mujer.

"No toqué una bicicleta hasta dos años antes de viajar en bici, no podía, físicamente no podía andar en bicicleta", añade el riojano.

Tras el accidente, Domínguez cambió sus prioridades en la vida y decidió "aprovechar el resto del tiempo, hacer las cosas que me gustan y estar con gente que merece la pena".

Entre esas personas empezó a figurar Veronika, a la que visitó cada vez durante temporadas más largas a su país de origen, Lituania, donde la gente no le conocía y nadie le paraba por la calle para ofrecerle un "lo siento", hasta que la relación se hizo más seria.

Cinco meses después del accidente, el riojano ya caminaba sin muletas, pero su lesión medular afectó sus extremidades de forma permanente y el Instituto Nacional de Salud le incapacitó.

Sin embargo, Domínguez asegura que lo único que pensó durante los momentos más duros fue en "ponerse bien".

"Lo más difícil es la constancia. El médico me decía `tienes que andar lo que puedas` y a mi eso es algo que no me pueden decir porque voy a hacer más de lo que puedo", asegura el español que se define como "muy cabezón".

La pareja comenzó el viaje sin detenerse mucho tiempo en los sitios por los que pasaban, pero a partir de Turquía, cambió la dinámica del viaje.

"Ha cambiado la cantidad de días que andamos a la semana, empezamos a relajarnos más, a ir más despacio, a vivir más", dice Verónika.

Entre sus países favoritos se encuentran Omán e Irán, donde los viajeros fueron invitados a dormir un montón de veces dentro de las mezquitas y de las casas de los iraníes.

"Se habla mucho del tema de los musulmanes, que son más radicales, yo no me meto con los temas del Gobierno, yo hablo de la gente de la calle", indica Domínguez.

En Phnom Penh, la pareja ha aparcado las bicicletas y ha cambiado las acampadas por una vida más urbana para descansar y que el español recupere musculatura para el viaje.

El plan original era llegar al sudeste asiático y volver otra vez por Asia Central a España, pero ahora la pareja "se ha enganchado" y volverá a rodar hacia el invierno de Mongolia, donde las temperaturas bajan hasta los -45 grados, para continuar viaje por Asia y América.

Después de la aventura, el plan es volver a casa, a visitar a la familia, y luego "volver a irnos, no se a dónde, no se cómo, pero seguir", afirma Domínguez convencido.