EMPRESA FAMILIAR

¿Empresas de amigos?

He coincidido con distintos grupos empresariales con cierta solera que surgieron de una relación de amistad y que ahora me preguntan. ¿Qué hicimos mal y cómo arreglamos la situación actual? 

¿Empresas de amigos?

Llevo varios días dándole vueltas a la cabeza buscando las razones del dicho castizo “nunca hagas negocios con amigos si no quieres perderlos”. O por lo menos que dejen de ser amigos. Yo he sido víctima de esta reflexión. 

En las últimas semanas por distintas circunstancias de mi actividad profesional he coincidido con distintos grupos empresariales con cierta solera que surgieron de una relación de amistad y que ahora me preguntan. ¿Qué hicimos mal y cómo arreglamos la situación actual? 
 

DE AMIGOS A SOCIOS
Tarea complicada cuando llegan a mi despacho con conflictos de gestión avanzados, criterios dispares, planes de negocio fracasados, etc. 

No es fácil admitir que, en un proyecto empresarial con el paso del tiempo, aquellos que lo iniciaron siendo amigos se han convertido solo en socios, fea palabra, y que al final puede ser que aquellos “casi hermanos” lleguen a convertirse en malos socios. 

Quizás puedan entender mejor la historia que les cuento si piensan en las relaciones de pareja que acaban en matrimonio. Todas ellas tienen un denominador de inicio común, el amor.

Más fuerte que el amor, siempre se ha dicho que es la amistad. Las ganas que se ponen cuando se inicia un proyecto son muy intensas, la alegría de buscar ideas juntos, el primer local que se encuentra, los primeros clientes, los primeros beneficios. 

Todo indica que el éxito se ha logrado por el simple hecho de que un grupo de amigos juntos lo puede todo. La pandilla que ha puesto en común su dinero, sus bienes, conocimiento e industria, como dicen los códigos comerciales, puede lograrlo todo, juntos. 

Sin embargo, el lector compartirá conmigo que, si el amor se rompe, en muchos casos con cierta facilidad y a pesar de ser para toda la vida, o eso se decía, ¿cómo no va a romperse la amistad? 

En las rupturas sentimentales todos hemos escuchamos a nuestro padre, hermana, tío, abogado, amiga, sugerirnos y casi imponernos: cuando te cases te tienes que casar en separación de bienes, tienes que dejar todo atado y bien atado para que no suceda nada en el futuro, te tienes que cubrir y asegurarte bien por si las cosas no van bien, es decir, tu entorno te sugiere una cautela y te invita a protegerte. 

¿Por qué motivo, cuando la ruptura es de una amistad todos aquellos consejos que cuando me casaba todo el mundo me daba, se quedó en el tintero de los consejos y nadie me dijo que me protegiera cuando me hice mis primeros amigos?

En efecto, nadie me dijo cuidado con ese amigo, asegúrate de organizar bien las cosas, prevenir las circunstancias que pueden suceder cuando las cosas no vayan bien, y sobre todo, decidir juntos como acabar vuestra amistad. 

Si se trata de una amistad “no empresarial” todas las cautelas que he citado obviamente no son necesarias, más bien suenan estúpidas y son un chascarrillo; ¡pero ay amigo!, si lo que estamos tratando es de una ruptura de un “amigo de negocio” la cuestión se torna mucho más seria. 

Las amistades empresariales no han sido fruto solo de la corriente del “emprendimiento forzoso” motivado por la cruenta crisis económica supuestamente pasada, sino que muchas de ellas llevan tiempo cociéndose en proyectos empresariales consolidados. Basta con leer nuestra prensa económica para conocer grandes éxitos empresariales que surgieron de una amistad inicial de sus socios. Y ver cómo han acabado o acabarán algunas. 

“MATRIMONIO” CON GARANTÍAS
Cuando dos amigos toman la decisión de compartir un proyecto en común surge la magia y al ratito después de salir de la notaria ya no son sólo amigos, son también socios. En los primeros momentos no se nota el cambio, tampoco se experimentan grandes diferencias físicas, pero se entra en un nuevo nivel de amistad y se está más cerca de perderla si no se actúa con cuidado.

La intensidad de los primeros momentos como socio se asemeja a un matrimonio. Se participa de los éxitos conjuntos, se comparten los fracasos y se va saliendo adelante como buenamente se puede. 

El paralelismo entre ambas situaciones es evidente. Pero mientras que, en una de ellas, el matrimonio, las garantías que se adoptan por parte de los cónyuges antes de contraer matrimonio son valientes y claras, cuando se trata de una unión entre amigos no sucede lo mismo. 

En efecto, al iniciar un negocio es imprescindible que los nuevos socios pongan en común aquellas circunstancias que les unen y que regulen en un papel de forma valiente e imaginativa sus relaciones futuras e incluso prevean como dejan de ser socios.

Pero ¿dónde y cómo lo hacen?; En primer lugar, ocupándose de que los estatutos de su sociedad o los pactos de su futura unión regulen lo que realmente quieren y no se acojan a modelos estandarizados de estatutos sociales motivados por una comodidad ingenua.

Me sorprende que el proyecto de Sociedades Limitadas Nueva Empresa abogue por publicitar la rapidez de constitución de una sociedad como bueno a secas. Esta norma paladín del falso emprendimiento obliga a acelerar un proceso que a mi juicio debería contar con cierta reflexión.  

Además de adecuar su contrato social a la realidad de su unión, los nuevos socios deben preocuparse de redactar un acuerdo de accionistas o un pacto de socios que establezcan toda la relación social y que incluyan el plan de negocio de la futura sociedad o proyecto en común. 

No estoy muy seguro de que en estas pocas líneas pueda convencerles de la necesidad de que cualquier grupo de personas que inicia un proyecto empresarial deba con carácter previo a empezar regular cómo va a terminar su unión. Es tan difícil como convencer a alguien casado en gananciales, que hubiera sido mejor el régimen de separación de bienes. 

Lo que tengo claro es que, si se preocupan de establecer las bases de su relación por escrito, si consiguen triunfar o perdurar, se contará con elementos claros de solidez en la toma de decisiones y se evitarán problemas de funcionamiento y, si por el contrario la relación acaba en fracaso será muy sencillo separar los caminos e igual seguir siendo amigos. 

Impulsar el emprendimiento desde la Administración no consiste solo en investigar áreas de negocio nuevas e incentivarlas a través de ayudas a la creación de empresas. La educación en el asociacionismo legal de los nuevos empresarios o de los empresarios reciclados es imprescindible para que el tejido empresarial que pueda nacer lo haga de forma sana y duradera. 

Todo aquel que pretenda iniciar un proyecto empresarial debe poner la misma intensidad en analizar el entorno jurídico de su idea como la ha puesto en descubrirla. Se puede soñar, pero en este caso hay que dibujar el sueño previamente.