LA REVISTA

José Manuel Anguiano, sempre emprendedor

Se jubiló a los 70 años para convertirse en un emprendedor que suma a ese carácter inquieto su larga experiencia en el mundo rural.

José Manuel Fernández Anguiano.
José Manuel Fernández Anguiano.
José Manuel Anguiano, sempre emprendedor

Ingeniero agrónomo, funcionario jubilado, un hombre nacido en el rural hace 82 años, José Manuel Fernández Anguiano lleva casi sesenta viviendo en Ourense y en esas seis décadas no ha dejado de pensar, proyectar y ejecutar negocios y actividades destinadas a generar riqueza en el rural. Desde la estación de Esquí de Manzaneda, que ideó con José Luis Outeiriño hace más de 45 años hasta su más reciente proyecto, una gran plantación de castaños en Larouco.

1. ¿Cómo nació su idea de orientar su vida profesional hacia el rural?

Yo nací en el rural, en Crecente, en 1936. Allí viví de niño, pero luego me mandaron a estudiar el bachillerato de interno a los Jesuitas de Vigo. Y ya no volví a Crecente, porque de Vigo me fui a Pamplona a estudiar la carrera, de Pamplona a Madrid, para preparar las oposiciones y de Madrid, a Ourense, donde llegué en 1959, con mi plaza de funcionario del Ministerio de Agricultura.

2. ¿Y cómo era Ourense en aquel final de la década de 1950?

Era una ciudad de cincuenta mil habitantes, muy acogedora, con un ambiente muy familiar. Y los compañeros de trabajo y yo desarrollábamos una vida social muy activa. En aquel momento el Ministerio de Agricultura había desplegado una serie de servicios como el de concentración parcelaria, extensión agraria, el IRIDA, el ICONA… Lo cierto es que aquí conocí a la que hoy es mi mujer, me casé, fundé una familia y me quedé.

3. ¿Y el campo ourensano?

Mucho más activo que ahora. El rural estaba más vivo. Recuerdo que el ministerio me había encargado que realizase un estudio de cuál debería ser la extensión tipo de una explotación agraria en la provincia de Ourense para que pudiese sostener con dignidad a una familia. Entonces comprobamos que en zonas vinícolas, como el Ribeiro o Valdeorras, se necesitaba una extensión de 3 hectáreas de viñedo. Para una comarca agrícola, como el caso de Celanova, cinco hectáreas. Si era para la plantación de patata, como sucedía en A Limia, diez hectáreas y para agricultura de montaña, en zonas como Viana, la extensión tenía que ser de treinta hectáreas.

4. ¿Valdrían esas cifras para hoy?

Con esas mismas extensiones podría vivir una familia en cada tipo de cultivo. El campo podría ser una buena fuente de empleo en Galicia y una solución para frenar la desertización del rural interior. Hay que tener en cuenta que Ourense ha pasado de cultivar cien mil hectáreas a cuarenta mil. Hay sesenta mil hectáreas de cultivo que fueron abandonadas. Es decir, el sesenta por ciento del campo ourensano está parado. Se ha convertido en terreno inculto.

5. Usted fue presidente del Consello Regulador del Ribeiro ¿Era muy diferente al Ribeiro de hoy día?

Fui presidente de 1982 a 1988. Hace treinta años. No es mucho tiempo, pero sin embargo, sí que han cambiado mucho las cosas desde entonces. Y la base de esos cambios se produjo, precisamente en aquel tiempo. Cuando yo llegué había inscritos poco más de trescientos viticultores y como bodegas estaba la cooperativa del Ribeiro y dos o tres más. Cuando me fui había más de tres mil viticultores, veintitantas bodegas industriales y aproximadamente cincuenta colleiteiros. Se pasó de tres millones de botellas a seis veces más, en los seis años que estuve de presidente. Y es que durante décadas, el Ribeiro era un vino que se vendía a granel. Era un vino para consumo masivo, sin importar la calidad. Nos dimos cuenta de que era el momento de recuperar las variedades autóctonas, tener tal vez menor rendimiento pero más valor por hectárea. Y el valor del vino pasaba por su venta embotellado, no a granel. Una de las cosas que hicimos entonces fue montar una bodega experimental en la que enseñábamos a los viticultores y bodegueros cómo sacar rendimiento de las variedades autóctonas, como tenía que ser la plantación, como se debía de vinificar, etcétera. 

OURENSE 3/07/2018.- Fotos entrevsita para La Remista a José Manuel Fernández Anguiano. José Paz6. Antes del Ribeiro fue Manzaneda, ¿no es así?

Manzaneda la fundamos en 1972. José Luis Outeiriño como presidente y yo como vicepresidente. Lo hicimos porque nos gustaba esquiar, yo esquiaba desde la época en la que estudiaba la carrera en Pamplona y porque nos gustaba la montaña. También lo hicimos porque creímos que sería un buen factor de desarrollo de una comarca deprimida como era la de Trives. Nuestros esfuerzos económicos nunca eran suficientes y la estación y sus infraestructuras siempre requerían de más, hasta que finalmente la Xunta se hizo cargo de la estación invernal en 1988.

7. Todo ese esfuerzo, ¿mereció la pena?

Para nostros que éramos los accionistas privados, no. Al menos desde el punto de vista económico, porque con la transmisión a la Xunta nuestras acciones pasaron a tener un valor de cero. Pero para la comarca, desde luego que sí. A día de hoy sigue siendo la principal fuente de riqueza y el mayor motor económico.

8. Se jubiló con 70 años, pero siguió activo, creando una bodega que hoy es una de las más exitosas.

Monté la bodega con mi primo, en Crecente. Primero plantamos el viñedo; empezamos vendiendo las uvas, luego elaborando vino en una bodega ajena y, por último un sobrino mío montó la bodega, que elabora Finca Garabelos y La Trucha, vinos monovarietales de Albariño.

9. Y hubo un después... y con castaños, a los 79 años

Sí (se ríe). Con un amigo que se llama Alfonso Arias comencé en 2015 una plantación de castaños en Larouco. 45 hectáreas de castaño plantados con criterios de alta tecnología, desde el seguimiento y la vigilancia al sistema de fertirrigación. Fue aplicar las mismas técnicas que se emplearían en un viñedo. Yo no hago esta plantación pensando en mí, como tampoco mi amigo Alfonso, que es cinco años más joven que yo. Lo hago pensando en los que vengan después. La plantación de castaños es como una hucha que yo les dejo y que empezará a rendir dentro de quinde o veinte años. De ellos dependerá si quieren romper la hucha y recoger los ahorros, si quieren mantenerlos o incluso hacer que crezcan, o lo que ellos quieran.
 
10. ¿Y ya tiene algún plan nuevo el emprendedor anguiano o piensa en retirarse?

Si no sigo haciendo cosas me convierto en un viejo. Una cosa es que me haga mayor, porque no queda otro remedio, pero viejo no. Yo no soy capaz de quedarme viendo la tele. Así que sí, estamos ahora pensando en otro nuevo proyecto, también en el rural ourensano, pero centrándonos en el mundo de la olivicultura.