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Malandrómeda: el costumbrismo convertido en la mejor vanguardia

Con un gallego cercano y abrasador, Hevi lleva desde el 2005 siendo auténtico, más cerca de Tyler, The Creator que de Kase. O   

Malandrómeda: el costumbrismo convertido en la mejor vanguardia

Hablar de Malandrómeda es hablar de la “terriña”. Para eso está Hevi, el alma máter de este proyecto, que campa por la rúas desde 2005 rimando en un gallego cercano, directo y abrasador, y que nos sitúa siempre entre fentos, toxos, cuncas, piedra, choiva y esa cosa tan gallega que, como él dice, es “estar feliz en la tristeza”.

Nada es mas de aquí que Malandrómeda y sin embargo nada aquí suena más foráneo, más de otro sitio. Su hip hop de la vieja escuela americana se revisiona a cada momento, a cada rima, a cada beat, llevándolo a la vertiente más experimental del estilo, jugando con la vanguardia y hablando de una realidad de la calle que nunca cae en tópicos, ni políticos ni sociales.

Hevi introduce su corazón, a veces feliz, a veces hastiado, y se presenta ante una sociedad que durante años ha estado más pendiente de aplaudir lo que pasaba más allá de sus fronteras que de mirar dentro de casa. Hevi cuenta sus historias de una manera afilada, perfilando un trabajo que se asemeja más a Tyler, The Creator que a Kase. O.


Como el estadounidense, su carrera es la vanguardia y la búsqueda de la modernidad sin dejar de lado ni un solo ápice de ese costumbrismo que él lleva por bandera, casi tatuado en cada gesto y cada frase que nos regala


 Ya sea con Sr. Fluzo, Juanito Broders o Malandrómeda, el santiagués no deja indiferente a nadie. Ni con su música ni con su forma de entender la industria, en una intensa y perpetua búsqueda de la autenticidad como forma de vida.

Hace poco compartí con Hevi conversación y postre. Intenté hablar ese”disco del año para Rockdelux” conseguido con el doble álbum “Cada can que lamba o seu carallo” y “Os corenta e oito nomes do inimigo” (la primera vez que esta revista premia a un proyecto en gallego), pero él solo me hablaba de cómo montar un concierto improvisado en un sótano del centro, después de que la lluvia cancelase el bolo previsto para ese día al aire libre.

“Montámolo nun intre David, a xentiña veu ata aquí a tocar e cona, o público de Ourense non pode quedar sen cancións”… ese es el Hevi. Yo, un paleto de cortado con sacarina, hablando de revistas modernas y premios  y él, con su café con gotas, pensando en lo único que realmente importa: la música.