LA REVISTA

Terra do Castelo, un nuevo tostado en el Ribeiro

La Cooperativa de San Roque llevaba ya una década trabajando en su elaboración. Buscando aquellas parcelas de los socios que más se adecuasen a las necesidades que requiere un vino tan singular

Imagen del interior de la Cooperativa San Roque.
Imagen del interior de la Cooperativa San Roque.
Terra do Castelo, un nuevo tostado en el Ribeiro

Cada vez que llega al mercado un nuevo tostado, el Ribeiro recupera un pedazo de su valiosísima historia y nos recuerda su peso en el panorama de la enología mundial. 
La bodega Cooperativa San Roque, de Beade, acaba de incorporar su Terra do Castelo Tostado a una lista que hasta ahora sumaba seis marcas de este vino naturalmente dulce: Tostado de Costeira, Alma de Reboreda,  Tostado de Teira, de Manuel Formigo, Herederos de Avelino Lorenzo , Passum, de A Portela, y el tostado tinto que elabora el viticultor Antonio Míguez en Ribadavia. Seis marcas pero igualmente escaso que lo fue en su época de esplendor, en la Galicia hidalga de los siglos XVIII y XIX.

La Cooperativa de San Roque llevaba ya una década trabajando en su elaboración. Buscando aquellas parcelas de los socios que más se adecuasen a las necesidades que requiere un vino tan singular. Escogiendo el momento más adecuado para su recolección, siempre en cajas con un reducido número de racimos para que no se deterioren las uvas. Colgarlos luego en un emparrado artificial dentro de la bodega, en un lugar oscuro, aireado, exento de humedad, hasta conseguir la pasificación correcta. Porque, a diferencia de otros vinos naturalmente dulces como  el Sauternes francés o el Tokaji húngaro, no es la botritis noble la que pasifica la uva y le aporta el exceso de azúcar que los caracteriza, sino la deshidratación por el paso del tiempo, a temperatura adecuada, concentrando el mosto en una uva cada vez más pasa.

550 botellas de 35 centilitros constituyen este primer lanzamiento, en el que se compendian las aportaciones de tres añadas diferentes, desde aquella de 2009 que supuso el primer paso en este camino. Cada una fue elaborada por separado, envejecida en pequeñas barricas de roble gallego y francés, también por separado y finalmente ensambladas en un depósito de acero donde permanecieron meses realizando una lentísima detantación natural.

El resultado es un vino que recuerda los sabores de la Treixadura, conserva la acidez y añade un extraordinario dulce lleno de matices. Un trabajo de orfebrería enológica, que mantiene el alto listón del tostado del Ribeiro.