SALUDABLE

Ejercicio físico para las personas, no para números

Algunos en nuestro sector entendemos que los clientes son personasque agradecen un trato personal, un profesional que les escuche y proponga un trabajo seguro, efectivo y apropiado

Ejercicio físico para las personas, no para números

Desde hace tiempo resulta una experiencia terrible llamar al servicio de atención al cliente de la mayoría de compañías de suministro eléctrico o telefonía. 

En primer lugar, por la dificultad de entenderse con una máquina que nos ordena repetir palabras y números para dirigirnos al mismo sitio. En segundo lugar -y mediante una espera de 20 minutos escuchando una melodía- porque allí nos aguarda un operador que ¡apenas sabe hablar español!  

Así le sucedió a quien esto escribe. incapaz de explicar al interlocutor el motivo de la llamada, porque ni yo dominaba el bereber ni él un vocabulario básico en nuestra lengua. En resumen, gestión frustrada, tiempo perdido y la sensación de ser insignificante en una gigantesca empresa multinacional.


ATENCIÓN PERSONAL 


Por suerte, esa empresa dispone de establecimientos en la ciudad. Personas, de carne y hueso. En uno de ellos me recibieron, escucharon y solucionaron el problema. No pude más que agradecer las gestiones y establecer un voto de fidelidad con estos valiosos profesionales en riesgo de desaparición, porque suponen un coste que, ni la empresa ni -para mí lo más grave- los clientes aprecian y quieren sufragar. 

Es más barato contratar por las redes sociales, sin saber la letra pequeña, solucionar dudas y incidencias ante una máquina y jugar al trabalenguas con un lejano interlocutor, quien ni me conoce ni entiende mi problema y mucho menos le importa.  


POLLOS, BOTELLAS, CIFRAS


Este modelo de gestión parece expandirse a otros ámbitos. El del Ejercicio Físico tampoco es ajeno y triunfan las grandes superficies, sin o con atención testimonial en la sala de Fitness o en salas de actividades colectivas. Un modelo válido, si bien algunos en nuestro sector entendemos que los clientes son personas. No son pollos, botellas o números.

Personas de carne y hueso. Con nombres y apellidos. Con sus inquietudes y necesidades. Personas que agradecen un trato personal, un profesional que les escuche y proponga un trabajo seguro, efectivo y apropiado. Que les haga sentirse valiosos y no una cifra más del montón, prescindible e intrascendente.