CRÓNICA

Lucía Latorre, la ourensana que protege el paraíso de las Seychelles

La bióloga trabaja en evitar que las especies invasoras echen a perder uno de los entornos más ricos y excepcionales del planeta

Lucía Latorre, una ourensana en las Seychelles.
Lucía Latorre, una ourensana en las Seychelles.
Lucía Latorre, la ourensana que protege el paraíso de las Seychelles

Uno de los estereotipos de "paraíso natural" son las Seychelles. Por su clima y calidad de playas, las islas africanas se han convertido en un referente turístico de primer orden y uno de los destinos más solicitados para viajes de luna de miel. Pero un espacio tan bello y tan explotado a la vez requiere de un obligatorio cuidado, de cara a mantener a todas las especies animales y vegetales que se puedan y perpetuar estos entornos inolvidables.

A esa misión se dedica una ourensana. Lucía Latorre es doctora en Biología y ejerce como coordinadora local de un proyecto financiado por la UE y dedicado a la gestión de especies invasoras en el Vallée de Mai, en la isla de Praslin. Este espacio, declarado Patrimonio de la Humanidad, es un bosque de palmeras en un excepcional estado de conservación, algo en lo que influye que solo han pasado 133 años desde que una persona lo hubiese pisado por primera vez. Dentro de la vida de este valle, destacan especialmente el coco de mer, una palmera que produce el coco más grande y pesado del mundo, y el loro negro de las Seychelles, una especie que se encuentra en un estado de conservación muy frágil.

"O meu posto conleva bastante responsabilidade, porque é a primeira vez na curta historia da xestión do val na que se pon en marcha unha acción adicada exclusivamente ao tratamento de especies invasoras", comenta Lucía Latorre, que explica que su función, en concreto, consiste en "coordinar e supervisar o día a día dun equipo dunhas catro personas, para que todos os obxectivos marcados no proxecto sexan cumplidos a tempo".

Las metas son varias. Una de las más exigentes es planear y conseguir controlar una extensión de más de 1.700 árboles de siete especies diferentes, para a continuación revisar que estas acciones son eficaces tanto en cada árbol en particular como en el ecosistema en su conjunto. Para ello, el equipo de conservación realizó un duro nuevo entornos- y la hormiga loca amarilla, ambas capaces de producir efectos devastadores en el ecosistema del valle. "Polo momento non impoñen efectos moi negativos, pero hai que ter ollo sobre as súas poboacións. Sempre é preferible prever que erradicar", apunta la bióloga ourensana.

Otro de los pilares de este proyecto es la educación ambiental de la población, para así hacerles saber que es importante evitar la entrada y expansión incontrolada de especies invasoras en la isla, pero sobre todo, "para crear conciencia sobre os valores naturais dos ecosistemas nativos cos seus propios equilibrios". Esta labor se desempeña a través de la organización de actividades para niños y mayores o la interacción constante a través de la redes sociales.

A sus 33 años, Lucía Latorre es otro ejemplo más del científico joven que busca una salida al extranjero para poder vivir de su especialidad. Así, mientras preparaba su tesis doctoral, "decidín abrir o rango de búsqueda para traballar despois de doutorarme, tanto, que busquei por todo o mundo". Y así fue como dio con esta oferta.

En concreto, este proyecto investigador tiene una duración de cuatro años. Dentro de los planes de Lucía está el de no permanecer mucho tiempo en las islas, aunque ha descartado en principio una vuelta a España. "Ao principio de estar aquí, pensaba en tirar para Europa, pero agora que disfrutei tanto deste clima e do medio tropical, estou mirando sitios semellantes, un pouco máis "movidos" e que ademais son pioneiros no tratamento de invasoras, como Hawai", explica. Mientras el talento y las ganas sigan firmes, los paraísos naturales del mundo tendrán su protección, y será una ourensana la que lo haga.