MERCADO LOCAL

En la Plaza sí hay relevo generacional

Los negocios de la Plaza de Abastos se transmiten de padres a hijos. Lo demuestran varios de los puestos repartidos por el Mercado, desde queserías hasta pescaderías. Son, con sus vivencias, historia de Ourense.

 

Mari Carmen Vidal Cruz, Nieves Cruz y Marcos Nóvoa Vidal.
Mari Carmen Vidal Cruz, Nieves Cruz y Marcos Nóvoa Vidal.
En la Plaza sí hay relevo generacional

La Plaza de Abastos de Ourense ha sido la despensa de la ciudad desde hace, al menos, tres generaciones. En alguno de los puestos del Mercado todavía es posible reunir a abuela, madre y nieto, en otros sigue vivo el recuerdo de quienes pusieron en marcha un negocio que durante décadas ocupó el viejo Mercado, mientras los más jóvenes apuestan por dar un giro hacia este nuevo siglo a sus negocios, en busca de un cliente que no se limite a los habituales.

Los "veteranos" de la Plaza recuerdan con nostalgia cuando, a mediados del siglo pasado, la gente tenía como único referente para abastecerse, el Mercado de Abastos. Los supermercados todavía no habían "colonizado" la ciudad y aún no había llegado lo que algunos placeros originales valoran como la puntilla: la llegada del euro.

No saben explicar si eso significó un cambio de chip en los consumidores o es que la nueva generación ya sólo miraba los súper de su barrio, pero "el declive fue, a partir de ese momento, imparable", señala Nieves Cruz, una representante de esa generación que en los 60 dinamizó la Plaza. Como pretenden los que ahora toman el relevo de abuelas o madres, es el caso de Alex Atrio, de Floristería Albitos, que lo tiene claro: "Lo que hay que conseguir es que la gente joven se acerque a la Plaza y quede aquí para tomar algo como lo hacen en Ponte Vella". El objetivo está claro y en ello están trabajando.


“De tanta gente, antes casi no se cabía"


Tres generaciones reúne la Quesería Amalia. Tres modos distintos de ver el Mercado. Nieves Cruz tiene 69 años y recuerda que "había mucha gente, casi no se andaba por los pasillos de la gente que había, estoy hablando de los años 60 y 70". Pescado, quesos, carnes... Empezaban a abrir los supermercados, "pero cerraron, porque la gente volvía a la Plaza", señala.

El cambio se produjo en el 2000, "con el cambio al euro", asegura Nieves. Su hija, Mari Carmen Vidal, empezó "a los 14 años, aunque ya en serio a los 18 años, que me hicieron un contrato; trabajaba por la mañana y estudiaba por la tarde". Reconoce que "el mercado ha cambiado, mi generación es de la gente que trabaja y que es más exigente".

En este sentido ve "una oportunidad" en este nuevo mercado. La tercera generación es Marcos Nóvoa. Acaba de empezar con 23 años en la Plaza, justo con el traslado. Asegura que "es un  trabajo liviano y me permite estudiar". Su objetivo es opositar, pero ya tiene relevo: "A mi hermano ya lo tengo enseñado".


“Era un atractivo, un sitio de encuentro"


Ángel y Ramona Rodríguez heredaron la Quesería Ángel de su padre, Ángel Rodríguez Nieto, que arrancó con el negocio en 1950, y ya han unido a la empresa a Rubén, la nueva generación. "Empecé con 16 o 17 años, en los 60, y se vendía muchísimo; éramos el único punto de venta, además de sitio de encuentro y atractivo de la ciudad", asegura.

"Mi madre me traía con un canasto de paja y me colocaba ahí, mientras ella atendía", añade este placero que quiere dejar claro que "la calidad aquí es muy buena, e incluso la gente joven cuando viene a la Plaza y prueba cualquier cosa reconoce su buen sabor".

Admite que "quizás hay que cambiar el chip y, por ejemplo, ampliar horarios" para adaptarlos a esta nueva generación que trabaja. Rubén Rodríguez añade que "se trata de dar a conocer lo que ofrecemos" y se muestra convencido de que "poco a poco, los nuevos clientes van a venir más", porque como explica: "Yo, cuando les llevo a mis amigos una carne, un queso o un pescado de aquí, me pregunta de dónde lo he sacado".


“El Mercado era el único suministrador"


Juan Antonio Atrio, de Floristería Milagros Albitos, nació "en la Plaza, ya de bebé me traían aquí y empecé a ayudar en la tienda desde pequeño". Recuerda que en aquellos años "el Mercado era el único suministrador de productos de Ourense, venían las tiendas a comprar y después los clientes particulares". Ahora ve que "sólo la gente mayor piensa en la Plaza, los jóvenes quieren algo más cómodo".

Alex, uno de sus hijos, considera que la oferta de parking gratis con una compra de 20 euros "ayudará a que venga más gente joven aquí a comprar o consumir".

Cuando se le pregunta qué es lo que le falta al Mercado para captar a la clientela de la nueva generación, subraya que "lo de las actividades paralelas tampoco es que le importe demasiado a los jóvenes", entiende que más importante sería "tener un espacio donde los chicos puedan disfrutar su ocio como en el Ponte Vella, que sea un punto de reunión; la gente joven atrae a más chavales; si hay amigos, conocidos, vendrán".


“Seis dependientas, y no dábamos abasto"


Carmen Domínguez empezó con "13 años, en la pescadería siempre; empecé como empleada y eché 27 años con el señor Cadenas, para después ponerme por mi cuenta", explica.

En aquellos tiempos "venían los motocarros de la lonja, dejaban el pescado en la estación, entre ellos los Rusos, de Vigo, y nosotros lo recogíamos allí con otro motocarro; aquello era como una segunda lonja del trajín que había", señala. A las cinco de la mañana tenían que acudir a coger el reparto. "Todo se concentraba en la Plaza de Abastos, ponías una caja de sardinas en el mostrador y ya tenías que poner la siguiente; éramos en esa pescadería como seis chicas atendiendo y no dábamos abasto". 

José Ricardo tomó el relevo al mando del puesto "ya mayor, hará como tres años", aunque vivió, "como pinche", el tránsito a la nueva situación. Reconoce que "con el euro hubo un cambio", pero confía en que este nuevo edificio, "más accesible, ayude a recuperar parte de esa clientela joven".