CAZA

El rural afronta el freno al jabalí con el reto de mantener la convivencia

Los cazadores reivindican su labor social aunque con margen de mejora, frente a quienes alertan de dudosas prácticas

Carteles colocados en los alrededores de Lavandeira por los vecinos.
Carteles colocados en los alrededores de Lavandeira por los vecinos.
El rural afronta el freno al jabalí con el reto de mantener la convivencia

Con la temporada de caza ya finalizada desde mediados del pasado mes de enero, la provincia se enfrenta a una nueva etapa de contención del jabalí en la época más sensible, cuando comienza la cría de un animal salvaje que causa temores en el rural. Este animal destroza gran parte de las cosechas de la provincia y mina la moral de los agricultores, especialmente de cereal, con daños en el 70% de la cosecha. 

El número de cazadores ha descendido en la provincia desde los 16.000 de 1997 a los poco más de 8.600 registrados en la actualidad, algo que contrasta con el aumento de la presencia de jabalíes; se calcula que tres veces más que hace una década, no cesa. "Se quedamos sen cazadores será un problema. Nós estamos facendo un labor á Administración e de forma totalmente altruista", señala Antonio García Reinoso, presidente de la Federación Galega de Caza en Ourense. 

Las batidas como solución a esta plaga es reivindicada desde diferentes ámbitos, aunque en ocasiones la presencia de cazadores en las inmediaciones de núcleos rurales tensiona la convivencia. Rubén Pérez, de Libera, considera que "no hay más desgracias, porque la población cazadora se cuida de no ir a donde están los cazadores" y pide "mano dura" contra el "incumplimiento" de la ley que marca la distancia mínima de 100 metros de núcleos urbanos o de 150 metros desde los viales para cazar. 

Este punto de vista no se comparte desde el gremio de cazadores, que presumen de ser "os primeiros que respectamos o entorno natural e o rural". "Pode haber algunha ovella negra, como en todos os casos e se hai incumprimentos, hai que denuncialo, somos os primeiros que o pedimos", dice García. 

Ellos prefieren poner el énfasis en la "importante labor" que realizan para el control, aunque nunca es suficiente. "Non somos capaces de evitar que estes animais baixen ás cidades ou se acheguen ás casas", añade García, que recuerda las dificultades como "o despoboamento no rural, e o difícil relevo xeracional" en el mundo de la caza. Pese a que menguan, reivindican que realizan una labor necesaria. "O día que non existamos, a Administración terá que crear un corpo de cazadores", explica. 

La Unión de Tecores e Cazadores de Galicia (Unitega) admite, eso sí, que no se está encarando correctamente el problema de los daños del jabalí: "Parece evidente que no lo estamos haciendo bien, cuando nadie está contento. Entre otras cosas porque la gestión que venimos aplicando es 'curativa', por no decir paliativa". Asume que los cazadores necesitan un "cambio de mentalidad" para darse cuenta de que lo suyo no es ocio, sino "control de poblaciones" y llaman a "implicarnos a fondo". 

Carteles en Coles por temor a la presencia cercana de cazadores

En la aldea de Lavandeira (Coles), los pocos vecinos residentes llevan más de dos años en alerta por la presencia de cazadores. "Se sitúan a apenas 30 metros de las casas", dice uno de ellos, Amador. Por este núcleo transcurre un sendero muy utilizado en los meses que no hay caza. "Lo cierran en temporada, y vienen los cazadores a rodear el pueblo.

Cuando hay batidas nos cortamos de no salir de casa y tenemos que encerrar a los perros", dice Manuel Troncoso. "Están ahí mismo y cruzan en coche y han llegado a disparar al aire en el coche", explica Charo Vázquez. "No es normal que haya gente armada en plena carretera y que no se respeta la distancia a las casas", dice Troncoso. Hace unos meses decidieron colocar carteles en las fincas colindantes para ver "si así se iban de la zona".

Asumen que una vez colocados se notó el efecto disuasorio, pero recuerdan que "ha llegado a haber amenazas".