TERRA DE TRIVES

Vejez con calidad en San Xoán

La residencia de la Fundación San Rosendo en San Xoán de Río desarrolla la experiencia de Envejecimiento Activo que usuarias como Isolina Bergantiños, con 103 años cumplidos, demuestran que mejora la calidad de vida.

Isolina Bergantiños López y María Rodríguez Lamas, directora de la residencia de San Rosendo en San Xoán de Río.
Isolina Bergantiños López y María Rodríguez Lamas, directora de la residencia de San Rosendo en San Xoán de Río.
Vejez con calidad en San Xoán

Isolina Bergantiños López es la "abuela" de los usuarios de la residencia de la Fundación San Rosendo en San Xoán de Río. Una veteranía que no le pesa, al contrario, es una de las sonrisas de la residencia y un ejemplo de buen ánimo y gusto por las pequeñas cosas.

"Ella va a sus clases de gimnasia y, como no tiene una movilidad limitada, porque se maneja muy bien con el andador, participa sin problemas de todas las actividades del centro", explica María Rodríguez, directora de esta residencia. Una serie de ejercicios que forman parte de la iniciativa Experiencia Activa, desarrollada por la Fundación San Rosendo en sus distintos centros y que va destinada a promover el envejecimiento activo en una de las provincias con más volumen de población mayor de España. Una realidad de la que es especialmente buen ejemplo la localidad de San Xoán de Río, donde 283 de los 561 habitantes que tenía en 2017 tenían más de 65 años, según los datos del Instituto Galego de Estadística.

Son actividades que Isolina, como el resto de residentes, aguardan con auténtico interés cada semana y disfrutan con toda su energía. "Viene una chica muy maja y muy atenta que nos hace mover los pies, como los ciclistas; nos acompaña en el paseo y a hacer pedales", explica la centenaria Isolina Bergantiños, que maneja el andador con magistral soltura por el hall de esta coqueta residencia con amplia cristalera por la que se cuela el sol en esta fría mañana de diciembre. Forman parte del programa elaborado por la Fundación para promover un envejecimiento activo y saludable de los usuarios de los distintos centros repartidos por toda Galicia.

Isolina nació casi con el siglo XX y con su marido se fue de su tierra natal, Os Casares-Vilamaior (Castro Caldelas), para recalar en tierras andaluzas. "Vivimos muchos años en Linares, en la provincia de Jaén, donde teníamos una cuchillería", según explica. Añade que "él se iba también con la rueda de afilar de vez en cuando, y tenía un espacio apartado en la misma cuchillería para afilar".

Con la muerte de su madre, Isolina tuvo que volver a la casa familiar, u "ya los veranos los pasábamos aquí en Ourense, y cuando nos jubilamos regresamos definitivamente a la casa que teníamos en Vilamaior, hasta que, al estar solos y ver que podíamos quedar desamparados, nos decidimos a venir a  la residencia; era el año 2004".

Con ella, además de su marido, ingresó su hermano -ambos ya fallecidos-. Cuando se le pregunta por sus gustos, sólo es capaz de destacar uno: "Me gusta mucho la costura, que siempre hacía antes la ropa y las camisas de mi padre y de mi hermano, pero ahora ya no puedo porque veo mal".


Sorprendida


A pesar de ello, "con los años que tengo, no me quejo". Y es que no duda en reconocer, con cara entre sorprendida y sonriente, que "nunca pensé que pudiera llegar a los 103 años; nadie de la familia había llegado hasta aquí, esto sí que es una cosa seria". Y no le impide entenderse con las nuevas tecnologías. "Le gusta mucho hablar por teléfono, tiene una sobrina que le habla habitualmente y ella tiene su móvil que maneja con toda soltura, y le cuenta todo lo que le ha acontecido durante el día", señala María Rodríguez.


Más de 50 residentes


Como ella, el resto de los 52 residentes con que cuenta este recinto de la Fundación San Rosendo en San Xoán de Río participan activamente en las distintas propuestas del programa Experiencia Activa, con ejercicios físicos pero también "para estimulación cognitiva, con ejercitación de la memoria a través de la elaboración de puzzles, ejercicios visuales, etcétera", explica la directora del centro residencial de la Fundación San Rosendo en este pueblo del oriente ourensano donde se envejece, pero con una premisa clara: buscar el màximo de calidad de vida.n