Usos y costumbres del verano

El último lunes bueno

El último lunes bueno

Un grupo de investigadores de Londres asegura que el peor día de la semana es el martes. Dicen que el lunes aún nos duran los efectos del fin de semana, y que eso hace que sean maravillosos. Imagino que este equipo dirigido por George Mackerron nunca ha salido de copas un sábado. Obviamente, el martes no es un buen día, pero al menos hay Liga de Campeones o como se llame ahora, que cada día resulta más desconcertante seguir el fútbol con esos nombres tan raros, esos futbolistas que llevan todos el mismo corte de pelo, y esa colección de grafiteros con spray vestidos de negro haciendo dibujitos en el césped. En mis tiempos estaba todo más claro en el asunto de las pelotas. Tan solo sembraba cierta confusión entre los lingüistas el viejo Poyatos, que además compartía vestuario en el Valencia con Penev. Pero nada en comparación con lo que vino más tarde, cuando los estadios se llenaron de Webó, Pinga, Nicolita, Kaká, y hasta el delantero centro Marica, haciendo muy complicado que la narración futbolística siga siendo algo realmente serio. Esto con García no pasaba. 


Con todo, ni siquiera el partido estrella de la semana podría convertir el lunes en un día bonito. Hay en el año cuatro lunes buenos y coinciden exactamente con las vacaciones. Todos los demás son un dolor. Y esto no es una opinión, sino una opinión. Y por tanto, no es negociable.

¿QUÉ DÍA ES HOY?
Ocurre en verano que nos olvidamos del día en que vivimos. Los científicos han investigado a fondo este asunto durante décadas llegando a una conclusión contundente y definitiva: “no tenemos ni idea”. Estos días lo preguntamos constantemente a nuestros allegados: “¿qué día es hoy?”. Y un coro responde al unísono: “Veinticuatro de agosto”. Y, contrariados, añadimos: “¡De semana!”. Y el coro contesta: “¡Ah! No tenemos ni idea”. Y casi siempre es lunes. Rara vez es martes. Al menos una vez por semana coincide que es miércoles; siempre y cuando no sea jueves. La sorpresa llega cuando es viernes. En agosto parece ser siempre sábado. Y siempre  que no se den ninguna de las circunstancias anteriores, lo más probable es que sea domingo. Así que no entiendo por qué la gente no sabe en qué día vive, con lo fácil que resulta averiguarlo.

EL FINAL
Es el último lunes en que puedes darte la vuelta y dormir cinco horitas más. El último sin despertador y sin atasco. El último sin tener que tomar café cada media hora para no quedarte dormido con la jeta sobre el teclado, enviando por correo electrónico cadenas de texto incomprensible, como mensajes cifrados en una guerra mundial. Es el último lunes sin escuchar la voz de tu jefe tronando a primera hora. Es así, todo se termina por última vez cada día de esta semana pero, objetivamente, la despedida de este lunes ocasiona un dolor mucho mayor a cualquier otro; siempre en el supuesto de que sepas que hoy es lunes, algo que no voy a dejar de recordarte en todo el artículo, en honor al refranero que dice que “mal de muchos, no sé qué no sé cuánto” –cito de memoria-.


EN POSITIVO
Míralo por el lado bueno, el lunes que viene no tendrás que ir a la playa, llenarte de arena, o dejarte trinchar por uno de esos odiosos peces venenosos. Tampoco tendrás que rozarte con bañistas sudorosos, ni poner a secar el traje de baño al regresar a casa, ni hacer cola para comprar un helado en un puesto en el que alguien se ha comido todos los que te gustan. Te importará un pimiento la previsión meteorológica, podrás mantener razonablemente limpio tu coche sin restos de comida, arena, o sin delirios forestales en las alfombras. Y hasta el día pasará mucho más rápido que cuando te tiras en la hierba a ver de dónde sopla el viento, actividad muy frecuentada por los veraneantes españoles.

EL DÍA DE LA LUNA
Etimológicamente nuestro lunes alude al día de la luna -dies lunis-. A los romanos les gustaba poner nombre de estrella a casi todo, demostrando que todavía no estaban muy claros los conceptos astronómicos que delimitan, estrella, planeta y satélite. No como ahora, que todo sabemos perfectamente lo que es un agujero negro y sabemos observarlos a simple vista asomándonos a nuestro extracto bancario. 
La luna y el verano guardan una bonita relación, porque estas semanas que dejamos atrás son las propias para contemplar el firmamento. Durante el resto del año estamos demasiado ocupados mirando que llevemos bien atados los cordones de los zapatos, que no pisamos junta de baldosas en el suelo, o que las compuertas de la petrina se encuentran correctamente cerradas. No olvidemos lo que decían los clásicos: que agosto es mes de petrinas bajadas, y de gente mirando incómoda hacia otro lado, esperando que el hombre que se encuentra en sorpresiva jornada de puertas abiertas, se percate de que, en nuestra economía de mercado, es preferible levantar la frontera de la cremallera, y abrir así el campo a cobrar entrada en un futuro. 
A propósito: queda formalmente inaugurada mi campaña a favor de que la RAE incluya la palabra ‘petrina’ y, de paso, erradique de la faz de la Tierra la ‘bragueta’. Ningún caballero digno de tal cosa puede llevar ‘bragueta’. 

CELEBRACIONES
Si este es el último lunes bueno del verano, habrá que celebrarlo, y una manera estupenda de hacerlo es quedarse en casa viendo llover por la ventana.

AUTOAYUDA
el ultimo lunes copia_resultEn esta aciaga jornada aumentan las melancolías, las depresiones, y mucha gente con problemas siente el gran peso de la vida a sus espaldas. Es lunes crepuscular, que lo bueno se acaba, y empieza la vida de verdad; alejados del jolgorio de las madrugadas amables de agosto con olor a flores y ron. Y sin embargo, no hay que dejarse llevar por la tristeza. Lo dicen todos los manuales de autoayuda: lo más importante es ser tú mismo. Y una vez que seas tú mismo, ya puedes deprimirte, echarte al suelo, patalear, y ponerte a llorar, porque lo que se nos viene encima en menos de una semana es sencillamente aterrador.