Usos y costumbres del verano

Rompecorazones

Leo en la prensa que el profesional que tiene más éxito con las mujeres durante el verano es el camarero de chiringuito. A las chicas les atrae incluso más que el catedrático en Filología Zulú, lo cual escapa por completo a las entendederas de este articulista, acostumbrado a ver la belleza interior, la riqueza cultural, y la fortuna intelectual, de personas como María Sharapova, Megan Fox, o Gisele Bündchen. Sin embargo, la masa prefiere la belleza y juventud del camarero de chiringuito, experto en transportar gambas, despachar helados, y elaborar mojitos.

El amor estival es caprichoso. Las mujeres son imprevisibles en este terreno. Bueno, y en todos los demás. Si quieres condicionar tu verano a tus opciones de ligar, que es una forma como otra cualquiera de arruinarlo, debes conocer a fondo las posibilidades de cada profesión. Estos conocimientos que hoy transmito son fruto de muchos años de investigación científica. Una sabiduría oculta a la que sólo tendrán acceso los fieles lectores de esta sección.


CAMARERO

Como ya he mencionado, cerca de un 80% de las mujeres que terminan ligando cuando no deberían hacerlo, lo hacen con un camarero de chiringuito. No sienten lo mismo por los camareros de los bares normales, aunque sí suelen caer rendidas ante los de las discotecas. Lo que más les atrae de ellos es su estilo al abrir las chapas de las botellas mirando hacia un enigmático horizonte. Les recuerda a Michael Laudrup, adorado en los 90 por todas las mujeres del mundo, y especialista en hacer el pase de gol hacia la derecha, mientras miraba con elegancia hacia la izquierda.


EL SOCORRISTA

El socorrista es un tipo que te salva la vida con la misma velocidad que te levanta la novia. Es una de esas profesiones de verano que, al menos desde la famosa serie de televisión, está pensada para lucir más que para actuar.

Lo realmente desagradable del socorrismo es cuando alguien se ahoga y hay que mojarse y salvarlo, que es una lata. Por lo demás, los socorristas suelen ir rodeados de un enjambre de bellezas, que le ríen incluso las gracias menos graciosas, y a las que robarán su corazón en menos de dos ahogamientos. Si tras el ahogamiento el socorrista logra revivir al muerto, que por tanto no estaba tan muerto, el nuevo héroe podrá elegir a cualquiera de las mujeres de la playa.

Ocurre que el amor de socorrista es breve como una promesa electoral. Dado que comenzar la relación no va ligado a la decisión de abandonar su trabajo, el héroe de playa seguirá rodeado de su corte de bellezas juveniles. Alguna de las cuales no dudará en intentar ahogarse para ser salvada por su admirado. La suerte no suele jugar de parte de las falsas suicidas. Lo habitual es que mientras la chica se ahoga, el socorrista de sus sueños esté en su hora del bocadillo, y termine salvándola un turista jubilado alemán, que además tratará de invitarla a cenar.


LA SOCORRISTA

La socorrista provoca un efecto extraño en la parroquia masculina. Despierta respeto y admiración a partes iguales. Si bien, por mucha que sea su belleza, jamás una socorrista llevará alrededor un enjambre de jóvenes ansiando hacerse con su corazón. En las cuestiones del amor el hombre actúa en solitario, mientras que la mujer lo hace en grupo.

La labor de la socorrista que carga con el yugo de la belleza se vuelve agotadora en agosto. Sentada en la arena oteando el horizonte, con sus chalecos y trastos de salvar, recibirá un goteo constante de aguiluchos que desean entablar conversación. Los motivos de charla son tan insoportablemente predecibles como la mente de cualquier hombre frente al estímulo primario de un balón rodando sobre césped.

Al fin, la socorrista es la que realmente salva la vida a los ahogados, mientras los socorristas varones se convierten en héroes, acuerdan copas para cada noche con bellas mujeres, y firman autógrafos en la arena.


EL PINCHADISCOS

No hay en la historia profesión que haya generado tantos intentos de ligue como la del pinchadiscos. En su mano está el color musical de cada noche, y su pose habitual es la de un killer sin escrúpulos que sabe que tiene la sartén por el mango. El gran drama del pinchadiscos es que por mucho que pueda resultar atractivo para todos los presentes, se encuentra como tigre en jaula. No puede abandonar su cubículo hasta que acaba la sesión. Y a esa hora ya no queda nadie en el bar. O al menos nadie capaz de caminar como cualquier bípedo.


VENDEDOR DE PERIÓDICO

Está comprobado que el vendedor de periódicos es absolutamente incapaz de ligar en el ejercicio de su profesión.


LA PANADERÍA

Siendo su apuesta mucho más compleja que la del chiringuito, la panadería es tradicionalmente un lugar de encuentro entre personas que terminarán compartiendo sus vidas. Nada une más que elegir una barra de pan o conversar un rato sobre la elaboración de los bollos de leche.

Por hacerse con el corazón de la joven dependienta, hay chicos que compran hasta 200 barras de pan al día. No corren la misma suerte los panaderos, que rara vez despiertan interés en las chicas que se acercan a la panadería.


EL CARNICERO

Sin embargo, si se han de tener en cuenta todas las ocupaciones que en verano pueden ser escenario de amoríos, hay que destacar la imposibilidad de ligar en una carnicería. Y si ocurre, desconfía. Nunca te fíes de una chica capaz de entregar su corazón a quien está diseccionando el de una vaca o un cerdo mientras silba alguna melodía del Caribe Mix.


EL PROFESOR DE SURF

En la encuesta que ha caído en mis manos, miles de mujeres muestran una inesperada pasión por los monitores de surf. No por los de esgrima –siempre un poco gays-, ni por los de equitación –demasiado brutos-, sino por los de surf.

Es difícil imaginar a los profesores de surf que conozco soltando la tabla unos instantes para dar un biberón. Así que intuyo que su éxito con las chicas ha de estar inevitablemente condicionado por el efecto dinamizador del amor universal que proporciona el cannabis, alimento esencial del surfero, junto al agua del mar, y el tinte Especial Mechas Californianas.