El Larouco y ese deporte de toliños

El Larouco y ese deporte de toliños

La sierra de Larouco, limítrofe en la frontera, que se reparten galaicos y lusos, es, según investigaciones, uno de los montes sagrados con más altares de la Península Ibérica, llegando a tener hasta tres aras votivas. El dios Larouco era una divinidad de nuestros antepasados castrejos. Esta cualidad de monte sagrado la hace especial, aunque nosotros hollamos el monte décadas ha sin saber el significado que tenía para aquellas gentes de los castros de Saceda, San Millau, el mismo de Montalegre y los de Paradela, A Boullosa…

Nunca sospecharían aquellas gentes que se convertiría en la meca de deportes aéreos autónomos como este del parapente, que ya más que asentado a finales del pasado siglo, ahora ya lanzado, aunque despierte sus dudas en la práctica como deporte de riesgo, que lo es, pero en cierto modo controlado por los conocimientos que se tienen de meteorología por lo que antes de salir en vuelo sabes los vientos que van a soplar, su intensidad a distintas alturas, la dirección, amén de si se van a producir corrientes térmicas que pueden elevarte a los cielos y en las que se apoyan los practicantes de esta disciplina, que se desarrolló en Francia cuando unos paracaidistas hicieron ensayos de saltos desde la ladera de una montaña, aunque no esté muy claro si la Nasa tenía prototipos o que todos querían ser Leonardo Da Vinci, con su famosas alas diseñadas por el genio del Renacimiento que probaría por uno de su criados con batacazo consabido. Nosotros de pequeños nos tirábamos desde un  muro, no muy alto, con paraguas por paracaídas, de gran campana, de lo que había ¡Ay quien tuviese los paraguas de golf de hoy! Como esos paraguas daban la vuelta, con tirantes o cordeles los fijábamos al mango…pero el efecto siempre era el mismo, que cada vez que se subía un peldaño, el golpetazo era mayor y esta experiencia no impediría que algunos arriesgados se lanzasen desde algunas rocas donde asentado el Castelo Ramiro, ese monte cónico que se alza en dirección oeste cerca de Cabeza de Vaca.

De estas experiencias a caballo de la adolescencia y juventud, te va quedando un regustillo por surcar los cielos, aspiración desde los inicios de la humanidad de todo hombre por alzarse sobrevolando el terreno. 

El Larouco, la sierra, que no los famosos codos entre Trives y A Rúa, es frecuente escenario de pruebas internacionales y lugar de encuentro, en todo tiempo para voladores de uno y otro lado de la frontera. Amando Vázquez fue uno de sus primeros en sobrevolar el Larouco, al que seguirían o acompañarían José Ramón Araújo, Antonio y Aser Gil, y unos cuantos cuando los pioneros de este deporte por acá, además de Jorge, fueron Aser Gil y J. Ramón Araújo desde o Rodicio, que compartían escuela, sobre todo Araújo, formado en Ager, en los Pirineos. Fueron surgiendo otros y cuando un promisorio Dani Rizo se hizo un hueco en algunos Mundiales, aunque lo de él es la acrobacia.

En la actualidad, quedan pocos de aquella escuela que sigan en el aire. De vuelos frecuentes ya sea en parapente biplaza o de docente hallamos a Roberto F. Quintas, al que apodamos "El pájaro", por su dominio de la vela, y un acróbata como es José, de Orgañá, así sobrenombrado por practicar acrobacias en la meca mundial de ellas en esa localidad catalana de los Pirineos cercana a Andorra, donde se forman los acróbatas mundiales. De la capital lusa de Montalegre han salido unos cuantos, pero el más Zé Manel, quien incluso estuvo un año en un tris de establecer un récord mundial de volar todos los días…, pero frustrado en una pluviosa invernía. 

J. R. Araújo anda embarcado en un proyecto fotográfico desde su paramotor o parapente con motor; Aser Gil volverá, se supone, ya recuperado, por una tenacidad increíble, de un grave accidente que a cualquiera otro dejaría en silla de ruedas; Amando, cuando viene desde Ceuta donde ejerce de docente en FP, suele echar unos vuelos. Si quieres ver volar, acércate a Baltar podría ser el eslogan; y en tránsito a Montalegre puedes subir, por asfaltada vía, hasta los 1.500 metros de esta sierra compartida. Y si las condiciones de viento sur, las adecuadas, verás volar por encima de tu cabeza esas increíbles alas llamadas parapente, que sí se derivan del francés. Y si los vientos son norte, oeste e incluso este Larouco sirve para volar. Una serie muy completa que por algo le vale ser sede de pruebas de máximo nivel.