El ausente

 

En términos políticos el Partido Popular se juega mucho en Madrid. Si, como apuntan las encuestas, en las próximas elecciones pierde el poder en esta Comunidad, acabará perdiéndolo en el resto de España. Aunque lo disimulan, sus dirigentes están muy preocupados. Que Mariano Rajoy apareciera en Burgos firmando un acuerdo para recuperar el hospital de la Concepción (siglo XVII) el día en el que Madrid celebraba la fiesta del Dos de Mayo es muy significativo. No quiso asistir a los actos institucionales -otros años sí estuvo presente- porque él mejor que nadie sabe que tras la dimisión de Cristina Cifuentes, más que una fiesta, la cita proyectaba aires de funeral político.

Funeral con réquiem para el PP a cargo de los sondeos de intención de voto que, según los dos últimos publicados, rubrican las preferencias de los madrileños por Ciudadanos. Un partido que parece llamado a heredar a los descontentos del PP y a quienes desconfían del PSOE en razón de los guiños de sus líderes nacionales y regionales a Podemos. Los casos de corrupción registrados en Madrid, que dieron en prisión con los huesos de un ex presidente (Ignacio González) y de un secretario general regional (Francisco Granados), amén del escándalo del máster y el del video que dio la puntilla a la presidenta Cifuentes, han dejado descabezado al PP en la Comunidad. Sin líderes regionales.

Ninguno de los cuatro ex presidentes (Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre y los ya mencionados González y Cifuentes) acudieron a la fiesta que se celebraba en la Puerta del Sol. Sí asistieron la vicepresidenta del Gobierno y la ministra de Defensa. Aunque la señalada no parece ser muy partidaria, dada la orfandad de liderazgo regional, se especula con la posibilidad de que Soraya Sáenz de Santamaría pudiera ser la candidata popular en las próximas elecciones autonómicas. De María Dolores de Cospedal, valedora hasta el último segundo de la dimitida Cifuentes -incluso cuando ya se había destapado el escándalo del máster-, se daba por hecho que asistiría al acto vista la rivalidad que se le atribuye con la vicepresidenta. Rivalidad que tanto juego nos da a los analistas políticos a la hora de cabildear acerca de la personalidad y posibilidades de los presuntos candidatos a suceder a Mariano Rajoy al frente del partido. De esa rivalidad, quizá estimulada por quien no tiene intención de dar un paso al lado, se derivan algunas de las disfunciones políticas que aquejan al partido del Gobierno.

Disfunciones y parálisis ante los acontecimientos que al bíblico modo de las plagas de Egipto se vienen cebando en los últimos tiempos sobre el PP. La imagen del Rajoy ausente el Dos de Mayo -día en el que se recuerda el heroísmo de los madrileños que arriesgaron sus vidas enfrentándose a las tropas francesas invasoras- es todo un símbolo de su forma de afrontar los problemas. De perfil y, a ser posible, de lejos.