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Inolvidable Cuco de Velle

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Inolvidable Cuco de Velle

Cuco de Velle.
photo_cameraCuco de Velle.

El conocido maestro del arte de interpretación de la música folclórica popular gallega ironizada, e interpretada a través de su charanga.

Los orensanos presumimos a veces en tertulias de café de tener o haber tenido en nuestra ciudad personajes de “alto rango” popular. Y podemos decir que han sido muchos y de diverso género, pero si entre ellos hemos de destacar alguno, muy por encima de todos, ese sería Don Claudio González Añel, más conocido por Cuco de Velle. Yo tenía ganas de escribir unos cuantos párrafos dedicados al maestro del arte de interpretación de la música folclórica popular gallega ironizada, e interpretada a través de su charanga.
Le conocí aproximadamente en el año 1953, cuando yo era un niño y él ya actuaba en fiestas y acontecimientos sociales, bodas, reuniones, etc., remarcando su nivel popular. El día aquel estaba “amenizando” una boda con su flamante acordeón en un barrio de los aledaños de As Caldas. Actuaba solo. Allí le habían llevado para poner música en la jornada festiva del bodorrio de Moncha y Antonio. Estaba tocando en la calle en la puerta de la casa de los contrayentes, y una panda de rapaces lo circundábamos mientras interpretaba sus piezas de “moderno y regional” para que los invitados bailoteasen a sus anchas.


Desde aquella época hasta comienzos de los 90, en que falleció, Claudio, aquel hombre de pequeña estatura, modesto y de gran corazón, fue una autentica referencia de “charanga ejemplar”, sobre todo desde que abrió las puertas de su bodega-taberna, a la cual denominó “A Palleira”, en el barrio de Velle. Lo hizo para, especialmente los domingos por la mañana, reunirse con sus amigos músicos, algunos aficionados y otros incluso componentes de orquestas que se acercaban por allí para “echar una mano”, y deleitarnos un par de horas con su “magistral concierto” a cuantos acudíamos con familiares y amigos a escuchar su popular pero muy seria actuación, a la vez que se degustaban unas cuncas de tintorro que, según rezaba, era de su propia cosecha, a modo de aperitivo acompañando a unos platos de buen pulpo. No me equivoco mucho si digo que la primera pulpera de puesto callejero los fines de semana se situó allí, en la puerta de “La Palleira”.


 Aquello daba pie a que cuando llevábamos un rato apretujados dentro, la bodega donde cabían los músicos y poco más, o en el exterior arremolinados en la puerta, entre la melodía, el calor del tinto y el picante del pulpo, cuyo plato había que tener en la mano, los pies ya no paraban quietos, acompañando los valses, las muiñeiras o los pasodobles de la charanga, a golpe de zapato, puntera y tacón. No quería olvidarme de reseñar la decena de discos que llegaron a salir al mercado y que aún hoy aparecen en tiendas de la especialidad, recordando aquellas canciones.


Del Cuco, que por cierto en el año 1988 se le dedicó un homenaje al que acudieron las principales autoridades además de numerosos vecinos de Velle y todos sus amigos, pocos conocían su nombre de pila, pero daba igual, los fans se dirigían a él simplemente llamándole Cuco como él quería, para pedirle que tocasen tal o cual pieza, como por ejemplo “O paraguas do Xosé”, hoy emblema sonante inequívoco del barrio donde nació y consolidó el tinglado, y que por aquellas fechas era la canción cumbre de su repertorio, en el que se incluían además otras no menos célebres y famosas como “Rosiña”, “A Porcona”, “A La Habana”, “Mamita”, “San Benitiño”, “Mexunxe”, “Trullada da Vendima”, “Na Palleira” y otras muchas que ya me empieza a ser difícil recordar. En muchas ocasiones, cuando el clima estaba ya un poca más caldeado, tenían que interpretar varias veces “O paraguas do Xosé” para corearlo todos los asistentes que acudíamos al singular concierto. 


La carretera de Ourense a Monforte, donde estaba ubicada “A Palleira”, suponía un caos de vehículos aparcados, resultando hasta peligroso circular por ella en aquella zona; pero todo se soportaba con tal de estar un rato en el singular ambiente y escuchar la música de aquellos 12 o 15 componentes de la charanga bajo la simbólica batuta del Cuco, que no era otra cosa más que la simple mirada de reojo a cada uno mientras actuaban.
Era consabido, que “los escuchantes” se arrancaban a cantar con ellos formando a ratos una amplia coral a la que se unían más voces de distinto tono a medida que iban llegando al sarao. Se puede decir que “A Palleira” era el punto de encuentro cada domingo por la mañana, de melómanos afines y curiosos simpatizantes de tan pegadiza y popular música, interpretada por aquella estupenda “pandilla de maestros”.


El barrio de Velle, yo diría los ourensanos en general, lamentaron en su momento la sensible pérdida de Claudio. Se puede asegurar que la “Charanga del Cuco” fue una institución mientras duró. Y desaparecido él, sus músicos guardaron sus instrumentos y “A Palleira” cerró la puerta para siempre.

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