Opinión

EDITORIAL | Jácome, vete: ganas tú, gana Ourense

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No. No es ese milagro salvador que algunos querían ver bajo esa extraña apariencia. Tampoco el libertador justiciero que otros ansiaban. Ni siquiera el flotador a medio inflar de quienes viven en la envidia y el rencor. Gonzalo Pérez Jácome, todavía alcalde de Ourense, vuelve a ser el protagonista de la actualidad. Pero tampoco en esta ocasión porque haya presentado un proyecto creíble y regenerador para la ciudad. No. No hay siquiera un plan de mínimos para que la tercera ciudad de Galicia cuente al menos con una cartera de servicios acordes a lo que los ciudadanos esperan y sin duda merecen. Su aparición en los medios de comunicación tiene que ver con los turbios manejos que desde que entró en política (incluso antes) se trae entre manos, tanto como cargo institucional como dirigente de unas siglas (un partido es otra cosa) y le han permitido llegar muy por encima de sus capacidades. Partiendo de la nada, ese otrora joven con dificultades académicas y de adaptación social, ha llegado a las más altas cotas de la miseria política. Siguiendo la teoría de Peter, ha conquistado su nivel de incompetencia: “La nata sube hasta cortarse”. Jácome se ha cortado en el primer batido y esta ciudad no puede seguir tragando esta bazofia. Ni un minuto más. 

Lo que ha trascendido en todos los medios en las últimas fechas y La Región había advertido mucho antes (así consta en la valiosa hemeroteca de este centenario periódico), no son mecánicas críticas de la oposición, ni conspiraciones de ricos contra pobres, ni de pobres contra ricos, ni derivas de la envidia, sino el señalamiento público de sus propios compañeros de aventura y grupo. El círculo se cierra. Quienes le acompañaron en su dudosa victoria, sumándole credibilidad, influencia y votos, ahora se desmarcan y confirman las lúgubres prácticas del falso salvador de los miserables. Al fin, sitúan en la diana de la administración de justicia ese perverso manejo del dinero público, de su destino, de los peajes que supuestamente exige a quienes digitalmente otorga un sueldo. ¿Y si resulta que él miserable era él hasta que al fin logró cobrar de los ciudadanos? Nadie lo sabrá mientras siga sin declarar su patrimonio, sus ingresos públicos, los de su partido, los de la tele con que graba plenos en exclusiva. O hasta que la Justicia, tan benévola en su momento con las denuncias de Jácome contra el sistema, tenga a bien investigar de una vez al rey desnudo.

Jácome ha acreditado en poco más de un año su absoluta incompetencia para gobernar cualquier cosa y más aún una institución como el Concello de Ourense, por más que se haya empeñado en rodearse de costosos repartos de cargos, de asesorías, de dedicaciones exclusivas, de city managers, de directores de centros de inteligencia artificial que no existen. Queda en evidencia que le falla la inteligencia natural, la empatía, el sentido común y el de la política. Su cuenta de resultados se reduce a una retahíla de ocurrencias y frases vacías. Y una vez contrastada su torpeza para administrar lo público, aquellos que él mismo eligió como compañeros de viaje ponen bajo sospecha sus ingresos y certifican su completa inhabilitación para liderar un programa de gobierno de interés general para la ciudad.

Esta suerte de alienígena que tenemos por regidor llegó cabalgando a lomos de un gigantesco descontento social, de un desapego a los partidos convencionales y creyó que con esas vísceras le bastaba, primero para llegar al poder y luego para gobernar. Desde el primer día se impuso como máxima vivir (extraordinariamente bien) de la política, asignándose sueldos homologables a los de presidentes autonómicos o de gobierno central. Desde la primera jornada como regidor hizo sentir vergüenza a sus ciudadanos. Como compensación, no constan gestiones de calado, ni proyectos de alcance pero sí proclamas fantasmagóricas, despilfarros innecesarios, fichajes inútiles, promesas incumplidas, decepción general y una ciudad en shock. 

El futuro de Ourense en manos de este todavía alcalde ha de hacernos reflexionar a todos, a los ciudadanos y especialmente a una Corporación municipal obligada a ofrecer alternativas a este siniestro pseudopolítico. Ninguna institución democrática puede seguir ofreciendo oxígeno a un alcalde, elegido democráticamente pero democráticamente autodesautorizado. Ni un euro más de los ciudadanos puede acabar en ese oscuro bolsillo sin fondo. Es una cuestión de profilaxis, de responsalidad, de decencia, de ética.

Las siglas con las que concurrió a los procesos electorales, la lábil Democracia Orensana, ha ingresado fuertes sumas de dinero de las administraciones públicas sin rendir cuentas a su votantes del destino. Ni un minuto más puede esperar el Consello de Contas, el Tribunal de Cuentas, la Agencia Tributaria o la Fiscalía para investigar hasta el fondo todas las sospechas que se ciernen sobre este partido y sobre quien lo dirige de forma unipersonal.

Tener como alcalde a alguien en la situación en la que hoy se encuentra Gonzalo Pérez Jácome es un lastre inabordable para cualquier ciudad. Tenerlo como gestor en tiempos en que una pandemia sanitaria ha puesto a nuestros sectores económicos estratégicos contra las cuerdas es una desgracia que nadie merece. Una pandemia sobre otra.Alcalde, por favor, por tu bien y el de tus vecinos, vete antes de que te echen. Ganas tú y gana Ourense, que es lo que realmente importa en todo esto. 

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