Jenaro Castro
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La vejez, es esa señora que espera durante años, sentada bajo el sol y la lluvia, a que llegue el momento de coger de la mano a quien tiene la suerte de llegar hasta ella. Después, así unidos, caminarán juntos y cubrirán los últimos tramos que marcarán una fecha concreta en cualquiera de las estaciones que marcan el tiempo.
Al nacer el ser, sea éste cual sea, ya se aposta tranquila en un determinado lugar, nunca lejos del nacido, siempre vigilante y dibujando en el rostro del nuevo ente, el paso de los años. Es gran artista que refleja en los rostros el mapa físico y moral de cada etapa que se vive. Antes acudía muy pronto; después empezó a tardar, no se sabe si también porque a su vez estaba cansada y envejecida. Más tarde se le pusieron determinadas barreras para que no avanzara tan deprisa y hoy día casi se le concede una excedencia cada vez más larga, de modo que poco a poco se va retrasando su acción natural. Ahora, según los estudios realizados por el prestigioso cardiólogo Valentín Fuster, director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares y del Mount Sinai Medical Center de Nueva York, la vejez se puede controlar, ya que la edad cronológica, no siempre coincide con la biológica.
Pero para lograr el control, es necesario prescindir de muchos hábitos perjudiciales para la salud como la inactividad y excesos de todo tipo que precipitan la caída en determinadas dolencias, como la diabetes, el colesterol y demás enfermedades que dificultan la vida y acercan al envejecimiento. Como repetía el doctor Rodríguez Miguez, no hay que dar años a la vida, si no vida a los años. Pues para aprender a dar vida a los años, Valentín Fuster y el periodista científico Josep Corbella, han escrito un libro que ayudará a alcanzar ese punto que frene el avance de la señora de la silla, que a veces se pone en pie y comienza a andar con paso ligero. Asegura Josep Corbella que existen muchos prejuicios falsos sobre la edad y la vejez, ya que generalmente la persona cuando alcanza los cincuenta años se siente más feliz a nivel emocional y más llena de vida. Y digo yo, queridos lectores: si con voluntad se llega a alejar la vejez, ella dejará de observar de continuo, se dormirá largo tiempo sentada en su silla, y tal vez con reuma en las piernas, que le impida coger carrerilla y alcanzar su objetivo inmediato.
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