LA CRÍTICA

"Basada en hechos reales"

Polanski no remonta en una película de un guión deslavazado y sin alma

Eva Green.
Eva Green.
"Basada en hechos reales"

“Basada en hechos reales” es el regreso al cine del gran Roman Polanski.  Su nueva película cuenta  la historia de Delphine (Emmanuelle Seigner), una sensible y atormentada novelista de éxito, paralizada ante la idea de tener que comenzar a escribir una nueva novela. Su camino se cruza entonces con el de Elle (Eva Green), una joven encantadora, inteligente e intuitiva.

Elle comprende a Delphine mejor que nadie, y pronto se convierte en su confidente. Delphine confía en Elle y le abre las puertas de su vida. Pero ¿quién es Elle en realidad? ¿Qué pretende? ¿Ha venido para darle un nuevo impulso a la vida de Delphine o para arrebatársela?

Roman Polanski es un grande de cine con cintas que son una referencia del cine mundial y que forman parte del legado cinematográfico del último cuarto del siglo XX, sin embargo hace tiempo que Polanski ha perdido el pulso inspirador. Sus historias siguen siendo manteniendo ese enfoque que las hace atractivas pero el director americano falla en la puesta en escena.

El guión, firmado por Asayas, profundiza en una relación tóxica entre los personajes de Seigner y Eva Green, sin embargo corre deslavado y disperso y Polanski no logra recomponer las piezas del todo. Todo resulta irregular y a bandazos.

Tampoco ayudan las actuaciones de las actrices protagonistas. Seigner siempre me ha parecido una actriz sobrevalorada a la que sólo le quedan bien (y sin tirar cohetes) los personajes excesivos. Sorprendentemente aquí su interpretación se ve lastrada por la de Eva Green que no logra dar con el tono del personaje y entre las dos componen personajes sin alma.

Aunque la película mejora en el tramo final, Polanski desperdicia las posibilidades narrativas de exprimir el rompecabezas de un relato cuya protagonista comparte nombre con la autora de la novela en la que se basa, como si él mismo hubiera quedado atrapado en el intento de sostener ese frágil equilibrio metalingüístico de rizar el rizo.