JUEGOS TRADICIONALES

"Fallan algo as forzas, pero non me supera nin o neto"

La billarda, los zancos, la mariola, la chave o los bolos celtas fueron protagonistas en la jornada organizada por +Deporte

"Fallan algo as forzas, pero non me supera nin o neto"

"Fallan algo as forzas, pero non me supera nin o neto", dice subido a los zancos uno de los asistentes al Día de los juegos tradicionales organizado ayer por +Deporte en la Alameda. El buen tiempo y el Día del Padre se complementaron a la perfección en una jornada en la que pequeños y mayores compartieron ocio del de antes: el de juntarse en la calle o en la plaza del pueblo. Patrimonio lúdico gallego capaz de unir generaciones.

Y la Alameda fue ayer el ágora de padres, hijos, abuelos y nietos recorriendo un mapa de juegos con la billarda como entrante. La destreza de los niños lanzando el marlo lo más lejos posible deja patente el buen trabajo de sus antepasados enseñando cultura popular. Un grupo de cuatro personas con discapacidad disipa cualquier duda: "El objetivo es que todo el mundo juegue", comenta un voluntario. Y después de varios intentos, casi todo el mundo acaba lanzando el palo unos metros.

"Antes no teníamos mucha cosa para matar el tiempo, ¿qué ibamos a hacer?", dice un padre mientras su niño mantiene el equilibrio en la mariola pintada en el suelo.

El cartel nos lleva hasta la Chave. La Asociación Cultural y Deportiva de A Chave lució puntería en un juego que en Ourense puede presumir de liga propia. Además de torneos internos, también organizaron talleres para los que se acercaron hasta el campo en la Alameda.

La ruta continúa hasta uno de los espacios donde había más juegos populares por metro cuadrado. Yuka, la mascota animadora del evento, no se perdió las partidas al fútbol chapa ni el juego de la rá.

"Colle ou non colle?" se lee en una cartulina de la mesa de juegos de ingenio. Encajar las piezas de las torres de Hanoi o los tángrams dieron respiro al cuerpo para "romper la cabeza" de los asistentes.

Alrededor de la fuente de la Alameda, los aros y algún que otro choque fueron protagonistas. "Tes que poñelo máis recto!", replicaba un abuelo a su nieta. Los mayores demostraron que la habilidad con este juego no se aprende en segundos, pero por intentarlo que no sea.

Nos despedimos del olor a hierro de los aros para dirigirnos a los bolos celtas de Parada de Sil, que concentraron a gran cantidad de jugadores. Es la penúltima parada del mapa, que termina como cualquier reunión popular: con gastronomía gallega. El pulpo fue la recompensa a una mañana deportiva que continuó con fuerza por la tarde. Las gaitas de Queixumes dos Pinos pusieron la banda sonora del evento y hasta hubo bailes en el palco de la música.

Alguno todavía encontró tiempo y espacio para leer la prensa del domingo. Porque las tradiciones no hay que perderlas.