REPORTAJE

La onda ourensana de “Willy Fog"

La única mujer y la más joven participante de la Golden Global Race, la extrema vuelta al mundo a vela sin tecnología digital, que emula una travesía de 1968, tiene en Ourense su único contacto con tierra. El sol y las estrellas son su guía.

Susie Goodall, la única mujer que participa en la Golden Global Race, la regata extrema en solitario por todo el mundo que emula condiciones de 1968 (izq); y Fernando Casanova, el radioaficionado ourensano, preparándose para uno de los contactos con la aventurera (der).
Susie Goodall, la única mujer que participa en la Golden Global Race, la regata extrema en solitario por todo el mundo que emula condiciones de 1968 (izq); y Fernando Casanova, el radioaficionado ourensano, preparándose para uno de los contactos con la aventurera (der).
La onda ourensana de “Willy Fog"

Hace cincuenta años que el marinero inglés Robin Knox-Johnston llegaba al puerto de Falmouth después de 312 días abrazando el océano en soledad, cuando el Sunday Times–impulsor de la hazaña–preparaba su obituario y todos lo daban por muerto. Era la primera persona en dar la vuelta al mundo en velero, sin escalas, con la única guía del sol, las estrellas y la radio. El ganador de la Golden Global Race de 1968 tiene relevo femenino y le ruge al mar desde pequeña. Se llama Susie Goodall y es la única mujer y la participante más joven de la segunda edición de esta regata extrema, que vuelve al pasado con las mismas condiciones que encumbraron a Knox-Johnston. No puede llevar GPS, sí una cámara de super 8, cassete y botellas de whisky. Su único contacto con la tierra está en el alto de Monte Meda, donde un ourensano le sigue la pista desde la radio de su coche. Cada dos días, a las nueve en punto de la noche: "¡Hola, Fernando!".

"Es de puntualidad británica. Es normal que esté deseando escuchar una voz. El único método de contacto con estos barcos que permite la organización es a través de los radioaficionados, equipados para comunicarse con todo el mundo sin depender de terceros", explica Fernando Casanova, del club de radioaficionados de Ourense, un centenar de apasionados de las ondas que presume de hazañas como la de 2003, cuando conectaron a unos niños del colegio de Seixalbo con Pedro Duque, en el espacio.


De Ourense a altamar


DHL, la empresa que Susie Goodall consiguió que la patrocinase después de un año de búsqueda, se puso en contacto con la central de radioaficionados de Madrid y allí pensaron en los de Ourense. Fernando aceptó y empezó la aventura de diseñar una red de colaboradores por todo el planeta. En unos días, cuando la navegante llegue a Sudáfrica, otra estación tomará el mando de las comunicaciones. El ourensano continuará con el seguimiento: "Incluso aunque por su ubicación no haya condiciones para oírla, una red mundial de receptores permitirá escucharla aunque ella no nos reciba".


¿Quién es Susie Goodall?


Hace unos días que Susie Goodall cumplió 29 años en altamar–la misma edad que tenía el capitán británico cuando hizo historia–y pudo escuchar a su familia gracias a su contacto ourensano. "Fue emocionante. Desde Ourense la hemos hecho sonreír y llorar. Le damos ánimos para seguir en los primeros puestos de una de las pruebas marítimas más duras del mundo", explica el radioaficionado. La aventurera, que inició el periplo el pasado 1 de julio, se mueve siempre entre el tercer y el sexto puesto en la competición de 18 navegantes. No conoce la ubicación del resto ni puede ser guiada. "Yo solo le paso las previsiones meteorológicas y le damos ánimos. Acaba de entrar en el hemisferio sur y le esperan tormentas. Es una heroína moderna. Todos los problemas los debe arreglar sola, y así lo ha hecho. Es una profesional desde los cuatro años", explica Casanova.

Sussie Goodall siempre navegó en familia. Desde pequeña, sus vacaciones han sido en barco. Tuvo el primero con 11 años y a los 17 lo vendió para seguir formándose en cursos de navegación. De niña leía las aventuras en solitario de los que, como ahora hace ella, dieron la vuelta al mundo por mar. En la Golden Global Race debe dejar atrás los tres grandes cabos: Buena Esperanza, Leeuwin y Hornos. Tiene hasta el 5 de abril de 2019 para conseguirlo. "Si llega más tarde, es como si hubiera perdido. Lo importante en esta prueba es llegar, no hacerlo primero", dice su contacto en tierra firme.

La norma dice que si rompe la caja de seguridad sellada que contiene un GPS y un teléfono vía satélite, quedará automáticamente descalificada. "Siempre he soñado con dar la vuelta al mundo en solitario. Robin Knox-Johnston comenzó esto. Si no fuera por él, yo no competiría en esta carrera", contaba antes de iniciar la aventura de su vida.


Una gesta retro


Su ímpetu traspasa los autorretratos que se hace en cada barco, en cada prueba a la que se lanza desde que descubrió el mar. Faltan unos meses para lograr la más importante, la que leyó en los libros y la que, seguro, inspirará a otras niñas. Los recuerdos los tendrá que revelar en modo retro.