LA PSICOPEDAGOGA HABLA

La educación sexual

Una materia pendiente en la familia y en la escuela

La educación sexual

La educación sexual no sólo es un derecho de niños/as y jóvenes sino que es un hecho incuestionable. Sin embargo, de forma habitual la familia y la escuela se van lanzando la responsabilidad de su formación.

Lo que conlleva un vacío en la formación de nuestros hijos/as en cuestiones relativas a la sexualidad. Si no nos cuestionamos la importancia de educar a nuestros hijos/as en matemáticas, lengua, literatura o hábitos de higiene y de cuidado tampoco debemos poner trabas a que reciban una adecuada educación sexual.

El primer paso de esa formación la debemos dar padres y madres hablando a nuestros hijos/as desde pequeños con la máxima naturalidad de la sexualidad y de su expresión. La educación sexual debe formar parte de la educación para la vida, debe adoptar una actitud de cultivo, asumiendo que la sexualidad es ante todo una dimensión humana, un valor que necesita ser promocionado y cultivado tanto en el ámbito educativo desde educación infantil hasta la superior como en la familia de forma complementaria. 
 

CARACTERÍSTICAS
Las principales características definitorias de una adecuada educación sexual serían las siguientes: 

1) Es un proceso lento y gradual que empieza en la infancia y se prolonga durante toda la vida hasta la muerte. La educación sexual siempre debe adecuarse a la edad y características definitorias del grupo concreto al que se dirige.

2) Debe partir de una concepción integradora de la sexualidad, reconociendo el carácter construido de la sexualidad, y dependiente de cada cultura y sociedad concreta. 

3) Conlleva un fuerte componente transformador de la sociedad ya que nos permite romper con las discriminaciones del género y defender el respeto a la diversidad sexual. 

4) Está formada por un conjunto de aprendizajes que inciden tanto a nivel conceptual, como actitudinal y comportamental. 

5) Su objetivo principal debe ser mejorar la calidad de vida de las personas, ayudándoles a encontrar su sitio en el mundo, a vivenciarse y expresarse como personas con una biografía sexual propia.

6) Sus principales ejes conceptuales giran en torno al conocimiento de uno mismo/a y a la riqueza de su propia identidad; así como al conocimiento de los otros/as, y a las posibilidades que ofrecen las relaciones afectivo-sexuales que se establecen a lo largo de la vida; y transmite actitudes positivas hacia la sexualidad, destacando las posibilidades que nos ofrece el ser sexuados/as y enseñando criterios de salud que deben orientar a las personas en la organización de su propia biografía sexual.

MODELOS DE INTERVENCIÓN
Las distintas formas de abordar la Educación Sexual a lo largo de la historia, constituyen los diferentes modelos existentes que podemos clasificarlos en cuatro tipos de intervención. El primer modelo es el Moral que se define por su carácter prohibitivo y represor de la sexualidad y que defiende la abstinencia. El segundo modelo es el de Riesgos que parte de una perspectiva médica o higienista, que solo se centra en curar y evitar las infecciones de transmisión sexual. El tercero modelo es de la Revolución Sexual y Social, que defiende el acceso libre a anticonceptivos, el derecho de las mujeres al aborto o la masturbación, pero elimina el papel de la familia en relación a la formación sexual de sus hijos/as. Y por último, el modelo Integrador y Democrático que promueve el bienestar personal desde la diversidad sexual, reconociendo la sexualidad como una dimensión humana. Este último modelo es el más adecuado y aconsejable. 

Sin embargo, en nuestro país el marco ac­tual en el que se desarrollan experiencias de educación sexual se engloban en la coexistencia del modelo moral-conser­vador y de riesgos, caracterizado por ser permisivo, sanitarizado y orientado a la reproducción social.

De forma que la educación sexual sigue siendo esa materia pendiente de los distintos agentes de socialización, especialmente para madres/padres y la escuela. Tenemos la responsabilidad no sólo de formar a nuestros hijos/as en su dimensión sexual sino también de exigir la modificación de la actual ley educativa (LOMCE, 2013) que ha metido en un cajón nuevamente a la educación sexual, que ha cambiado la "Educación en valores democráticos", como eje transversal del currículo educativo por el "Espíritu emprendedor", totalmente ajeno a la formación de personas para una convivencia participativa, democrática e igualitaria. 

Por lo tanto, es necesario y urgente humanizar el conocimiento sexual, librarlo de los sesgos sexistas, homófobos y patologicistas. Lo que nos lleva a educar en la sexualidad atendiendo a toda la complejidad de la dimensión sexual humana, a su comprensión y a su cultivo desde un punto de vista crítico y transformador para logra la formación integral como persona y como ciudadanos/as.