LEB ORO

El Pazo: una munición casera

Los 1.500 incondicionales encendieron sus ánimos tras el descanso para insuflar la energía que necesitaba el equipo con la intención de remontar

Las imágenes del partido, desde la grada.
Las imágenes del partido, desde la grada.
El Pazo: una munición casera

Sabela y su familia llegaron tarde. El COB ya estaba detrás en el marcador. "¿Cómo vamos?", dijo con voz extraña el padre. Sabela le contestó: "Mira, 0-2". Todavía mojados se sentaron en el Pazo Paco Paz con el deber de animar y toda la ilusión por ver una victoria. Como si estuvieran acostumbrados a perder, ya no contestaban a las canastas del Palencia. Más 10, más 15, hasta los 25 puntos. Llegó el descanso y se encendió la mecha. 

El Pazo necesita tiempo. Sabela empezó a aplaudir en el regazo de su madre y como una mecha encendió a la grada. Se enganchó al partido con un Víctor Moreno sensancional y un Trist que pedía más al Pazo. Ellos se desgañitaban en la pista y la afición desde las butacas. Con todo lo que podían. Lejos de silbar por los resultados, por las derrotas, por la desidia de algunos jugadores, por las canastas falladas, por la impotencia, por los balones perdidos o por las facilidades en defensa. Siempre estaban ahí.

Se levantaban para aplaudir un saque de banda. Al más puro estilo fútbol inglés. Todas las acciones positivas tenían repercusión en la grada. Quedaban 10 segundos y nadie se movió. El Pazo todavía albergaba esperanza y los ourensanos se contagiaban. Se vio un COB diferente, pero el resultado fue el mismo. Y ya van 12. Ellos aplaudieron, los jugadores lo agradecieron. Lejos de abroncar a su equipo, el Pazo sirvió de munición. Un arma casera que merece su reconocimiento. No todos, los oportunistas del ascenso son préterito. Pero los fieles son el presente y el futuro. Todavía: "¡Sí, se puede!".