La Región

REPORTAJE

Esplendor en el agua: Mondariz, la primera villa termal

Enrique Peinador quiso poner en marcha su Emporio en Prexigueiro, pero los vecinos se negaron a cederle las fuentes termales y acabó creando el municipio más pequeño de España
Esplendor en el agua: Mondariz, la primera villa termal

Una finca improductiva y con tendencia a encharcarse. Eso es una gándara. Así era hace ciento cincuenta años el terreno sobre el que nació el Balneario de Mondariz. Veintidós años después, con la llegada del siglo XX ya se había convertido en la primera villa termal de Galicia y el mejor balneario de la península Ibérica. Su promotor es un joven médico de Pontevedra, Sabino Enrique Peinador Vela.

Su inteligencia y empeño lograron transformar ese campo sin valor y la modesta parroquia en la que se encuentra, Santa Eulalia de Mondariz, en el municipio más pequeño de España, 2,4 kilómetros cuadrados, y al mismo tiempo en la primera industria turística del país, pues en su tiempo superaba en plazas hoteleras a cualquier otro municipio de Galicia incluyendo ciudades como A Coruña y Santiago de Compostela.

Poca gente sabe, sin embargo, que este éxito no habría sido posible sin un fracaso previo, provocado por los vecinos de otra parroquia de Ribadavia. El doctor Peinador, que estaba de médico interino en el balneario de Caldelas de Tui, tenía claro su proyecto de crear un gran centro termal en Galicia y había involucrado para ello a su hermano Ramón.

Fue el concello con más hoteles de Galicia

El primer sitio en el que pensó fue en Prexigueiro. Sus aguas sulfurosas termales y gran caudal, la cercanía a Ribadavia y a la línea ferroviaria que entonces se estaba construyendo entre Vigo y Ourense le parecían circunstancias muy apropiadas para su idea. Pero los vecinos de la parroquia, que eran los propietarios de las fuentes no quisieron ni vendérselas, ni entrar en ningún tipo de negociaciones con él.

A comienzos de la década de 1870 conoce la fuente de Chan de Gándara, que siendo de conocimiento  popular no merecía la atención de nadie, ya que entonces en Mondariz, la que era utilizada y había sido divulgada por el párroco Domingo Blanco era la de Troncoso. 

En junio de 1873 consigue la declaración de utilidad pública y a partir de ahí comienza a forjar el primer gran emporio termal. Con el tiempo irá añadiendo otras fuentes, como la propia de Troncoso, el balneario, pabellón de bebida, planta de embotellado y otras instalaciones. Incluso una imprenta en la que editará “La temporada”, un periódico de periodicidad semanal para los “agüistas” como se llamaba entonces a los usuarios del balneario.


La edad de oro


Pero la joya de la corona era, sin lugar a dudas el Gran Hotel, con 250 habitaciones. Todas bien equipadas y amuebladas, pero de manera excepcional las habitaciones con salón privado y las lujosas suites que atraerán a la aristocracia, la intelectualidad y los capitanes de empresa del momento. El edificio, firmado por el arquitecto Jenaro de la Fuente Domínguez, compite en lujo, modernidad y confort con los mejores de Europa.

La animada vida que en él se desarrolla incluye un muy cuidado servicio de comidas y cenas ofrecido en un comedor con capacidad para ochocientos comensales y un variado programa de actividades musicales y teatrales que se celebran en el salón de la primera planta. Siempre hay o una orquesta, o una compañía lírica o una teatral, animando las tardes y las veladas de los huéspedes.

Por ese escenario pasó un todavía joven Pau Casals y en su biblioteca, el general Primo de Rivera celebró varios consejos de ministros. Es aquí, en Mondariz, donde se da vía libre a la construcción del ferrocarril directo de Ourense a Zamora, que luego tardaría más de treinta años en culminarse.

Pero además de políticos, en esta época, la edad de oro, pasan por el Gran Hotel personalidades como “La Chata”, cariñoso apodo con el que era conocida la infanta Isabel de Borbón, tía del entonces rey Alfonso XIII, o los poetas Vicente Aleixandre y Rubén Darío; José Echegaray, Carlos Arniches, Emilia Pardo Bazán, Isaac Peral, Castelar... todos ellos dejaron su firma y su dedicatoria en el libro de oro del balneario.

Balneario, pabellón de bebida, gran hotel, todo va formando un complejo termal, rodeado de un jardín francés en el que conviven especies arbóreas autóctonas con otras exóticas que se aclimatan perfectamente en un entorno generoso de agua y unas condiciones de temperatura benignas todo el año. 

En 1917 fallece Sabino Enrique Peinador y asume el control del emporio su hijo Enrique Peinador Lines, un hombre comprometido con el galleguismo y promotor de una ingente actividad cultural en las instalaciones del Gran Hotel. 


El ferrocarril


Antes de fallecer, Enrique Peinador había iniciado otro de sus grandes proyectos: trazar un ferrocarril desde Vigo a Mondariz que facilitase la comunicación de la villa termal con el puerto y la ciudad de Vigo. Consciente de los beneficios que había aportado el tren al balneario de Caldelas de Tui, que recibía innumerables huéspedes y agüistas de Ourense y otras ciudades españolas y de las más importantes de Portugal, consideró que dotar su villa termal de una buena comunicación sería el perfecto colofón a su proyecto.

Las obras comienzan en 1914 y en 1917 la línea llega a O Porriño. Desde el centro de Vigo hasta Lavadores es un tranvía, que comparte plataforma con las calles de la trama urbana de la ciudad. Pero en Lavadores, entonces municipio independiente sigue un trazado de ferrocarril de vía métrica hasta Porriño.

Luego tendría que continuar hasta Ponteareas y de ahí a la villa termal, pero la muerte de Peinador, el mismo año que se estrena el primer tramo, frustra la continuidad del proyecto. En su honor se le pone su nombre al primer apeadero que se encuentra al lado de donde luego será construido el aeropuerto, que también recibirá el nombre del ilustre médico y empresario. 

La vida de Mondariz en la década de 1920 está considerada la más agradable de todo el continente. En los grandes balnearios de la Europa Central se viven las consecuencias de la Primera Guerra Mundial que, para este rincón de Galicia no supuso ningún perjuicio.

Muy al contrario, prospera de tal manera y a tal ritmo que ya nada tiene que ver con la aldea rural y pobre, y la pujante economía demanda disponer de una administración local independiente del municipio al que pertenece, Mondariz, y lo consigue en 1924, cuando el Consejo de Ministros aprueba la segregación de la parroquia y se convierte en Mondariz Balneario, otorgándole Alfonso XIII al año siguiente el título de “Muy hospitalario”. ¡Y tanto! en un radio de unos cientos de metros hay, nada menos que 16 hoteles y 15 hospedajes

Durante la guerra civil, el Gran Hotel se convierte en un hospital militar y colegio de los Jesuitas. Finalizada la contienda y recuperada su actividad, comienza una lenta decadencia que llegará a su momento más abrupto el 9 de abril de 1973, cuando un incendio destruye totalmente el Gran Hotel.


El renacimiento


Tras veinte años de silencio, el sonido del agua vuelve a marcar el ritmo de la vida del pequeño municipio de Mondariz Balneario. Primero con la rehabilitación para usos turísticos del antiguo edificio de La Baranda, que se convertirá en un hotel de cuatro estrellas. En la misma década se amplia con la conclusión de las obras de un sanatorio que habían quedado abandonadas setenta años atrás.

El renacimiento vino de la mano de un grupo de inversores liderados por Javier Solano Rodríguez-Losada, quien desde entonces, siguiendo el espíritu de Peinador ha ido recuperando con nuevos equipamientos, como el Balneario Celta, el Palacio del Agua, Mondariz Kids, para los más pequeños o un campo de golf de 18 hoyos aquella villa termal que hace ahora un siglo era la más pujante de España.

Y al igual que entonces estas aguas, bicarbonatado sódicas no solo constituyen el elemento básico para que funcionen todos los servicios de hidrología, termalismo y lúdicos, también, junto con el hotel y el campo de golf han recuperado la actividad económica local, orientada a un turismo de calidad, salud y bienestar.

Hoteles, pensiones, alojamientos turísticos, restaurantes, comercio, todo volvió a ser una realidad en el siglo XXI y con esa misma idea de la villa termal, propicia para largas estancias o cortas, pero siempre amenas por las múltiples posibilidades de ocio y encuentro con la naturaleza que facilita su entorno.

Gándara, Troncoso, Fuente del Val, los tres grandes manantiales que originaron esta historia siguen fluyendo con sus aguas que emergen con gas carbónico natural.