La Región

LA CRÓNICA

“¿Quién querría venir a vivir aquí?"

Entre la zona de mayor renta media de la ciudad, el Paseo y Santo Domingo, y la opuesta, en Covadonga, hay más de 13.000 euros de diferencia. Calles, parques, viviendas y comercios muestran la cara y la cruz de Ourense.
Imagen de la plaza de Covadonga, en el centro del barrio, ayer a mediodía.
Imagen de la plaza de Covadonga, en el centro del barrio, ayer a mediodía.
“¿Quién querría venir a vivir aquí?"

El indicador de la renta media de los habitantes de una ciudad también habla de cómo es el lugar en el que viven. Ourense, con una población de poco más de 100.000 personas, es muestra de ello. La imagen de las calles Paseo, Santo Domingo o Concordia –zonas de mayores ingresos– y la del barrio de Covadonga –rentas más bajas– muestran diferencias claras. Calles, viviendas, cuidado de zonas verdes o comercios dan cuenta de ello. 

"¡Cómo no vamos a tener las rentas más bajas! Mira esto, quién querría comprar un piso aquí, si está todo descuidado", comenta un vecino de Covadonga mientras señala la hierba seca, los matorrales sin cuidar al otro lado del parque y la calle vacía. Nació en el barrio y por eso reivindica a su gente. "No es lógico que aquí haya patrullas de policía todos los días que te tratan como si estuvieses haciendo algo malo por vivir aquí", asegura. Las necesidades del barrio tampoco están del todo cubiertas: una tienda ofrece a los vecinos productos variados, pero el supermercado más cercano está en el barrio de al lado. Apenas hay comercios –para comprar ropa o calzado, los vecinos también tienen que desplazarse–, aunque sí varias cafeterías. "Necesitamos parques caninos para pasear con los perros y dejarlos sueltos", comentan. 

María Armanda Monteiro lleva 25 años en Covadonga, y su visión es similar: "Non está coidado, non miran moito para nós e así é normal que ningunha persoa nova queira virse aquí a vivir". Con más viviendas de protección oficial, demandadas, sobre todo, por gente joven, la situación del barrio podría ser otra, a los ojos de los propios habitantes. 

En el otro extremo, Paseo, Concordia y Santo Domingo. "Se camiñas por aquí a última hora do día, coas terrazas cheas e moitísima xente pola rúa, parece que non houbo ningunha crise", reflexionan dos ourensanos. "Está claro que o que tiña diñeiro antes, ségueo tendo agora", opina su compañera. Desde primera hora de la mañana, las arterias principales de la ciudad se convierten en un ir y venir de trabajadores, estudiantes y paseantes. La zona alberga las grandes marcas, locales de restauración, centros culturales o zonas de recreación para pequeños y mayores, como San Lázaro o As Mercedes. 


El término medio


El entorno del Jardín del Posío es representativo del valor de media renta de los ourensanos, sobre 11.000 euros al año. A pie de calle, los vecinos creen, sin embargo, que la zona está lejos de su mejor época. "Hai anos había moita vida pola rúa, comercios, xente... Os edificios non están coidados, na súa maioría, están que se caen", apunta Camilo Menor, que fue vecino del barrio muchos años. En la calle Julio Prieto Nespereira son pocos los bajos ocupados y en la mayoría de ventanas de los inmuebles se puede leer "se vende" o "se alquila". Al inicio de la calle, desde el Jardín, se ven varios bloques de viviendas de protección oficial. "Esa es una forma perfecta de que venga más gente joven, de que tenga más vida la zona, y de que restaurar los edificios, que da pena ver cómo los dueños se van haciendo mayores, mueren, y las casas quedan abandonadas", asegura Loli Cupeiro, vecina de la zona. 

El alquiler alto, el estado de las viviendas –algunos inmuebles están reformados, otros, cayéndose y otros solares, con maleza– y el empedrado en mal estado, distan mucho de la imagen que los ourensanos recuerdan de las calles más antiguas de la ciudad. "Aquí venía la gente de los pueblos a comprar de todo, la ciudad eran estas calles, más allá sólo había campos", comenta Cupeiro. Portales, fachadas y muros están repletos de pintadas de todos los colores, algo de lo que los vecinos también se quejan: "Están las calles llenas de pintadas en todas partes, ya nos hemos tenido que acostumbrar a este tipo de vandalismo".