La ciudad portuguesa despide un año en el que logró capear el ambiente generado por la crisis

Guimaraes pone un cierre de lujo a la capitalidad cultural

Los miembros de La Fura dels Baus, durante una de sus puestas en escena en Guimaraes.  (Foto: ESTELA SILVA)
La ciudad lusa de Guimaraes cerró ayer un año de capitalidad cultural europea cuyo programa de actos, el más ambicioso en varios siglos de historia, ha sido un lujo para sus 60.000 habitantes, en medio de un año marcado por la crisis. La ciudad 'se repensó' para las más de dos mil actividades programadas que 'han cambiado la forma en que sus habitantes se relacionan con ella', explicó el director ejecutivo de Guimaraes 2012, Carlos Martins.
La explosión cultural que vivió Guimaraes, agregó, evitó que cundiera el ambiente negativo generado por la crisis en buena parte de Europa. Aunque la clausura oficial tuvo lugar ayer con una gala y un concierto de Navidad, transmitido por la televisión nacional lusa, el reinado de la ciudad del norte portugués como Capital Europea de la Cultura en 2012 empezó y terminó con el grupo catalán La Fura del Baus.

En la madrugada de ayer, el último capítulo de sus cinco espectáculos sobre el hombre y el caballo despidió el año más intenso de la historia de la ciudad, cuna de la nación portuguesa. Pantallas y figuras gigantes, luces y efectos sonoros se adueñaron de un centro de Guimaraes abarrotado por más de 50.000 personas, según cálculos de los organizadores, casi tantas como habitantes tiene la urbe. El público y algunos medios lusos lamentaron, al concluir el espectáculo, un fallo del sistema eléctrico que afectó a una escena de los catalanes y la falta de presupuesto que aparentemente impidió el despliegue de fuegos artificiales que hubo en la inauguración.

Pero La Fura impresionó una vez más al público luso en su despedida de un protagonismo europeo que ha convertido a Guimaraes en una ciudad 'más feliz' y ha visto 'el camino hacia su futuro'. 'La implicación de las gentes es una prueba de que Europa puede ser hecha de otra manera cuando los proyectos se realizan de abajo hacia arriba', afirmó Martins, muy satisfecho de los espectadores y los más de 20.000 voluntarios que han participado en la organización de los actos.

A la felicidad de la urbe portuguesa ayudan el crecimiento y las expectativas que ha ganado este año -opinó- que la han 'preparado para vivir de una economía diferente', basada en el talento de las personas y alejada de su pasado industrial.

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