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OBITURARIO: Isabel Carou, locutora

Cartas al director

OBITURARIO: Isabel Carou, locutora

Isabel Carou tenía un don: Sabía hablar. Sabía cómo hablar. Isabel Carou era una mujer muy especial, como su voz. Yo jamás he dado con la palabra que pudiese describir la voz de mamá. Era la suya. No he conocido a nadie con una voz parecida a la suya. Y empleó ese don, esa voz tan personal, para trabajar incansablemente durante cuarenta años y acompañar a mucha gente a través de las ondas de Radio Galicia en Santiago. De esta forma iniciaba mi hermana Isa la semblanza de nuestra madre en su funeral en Boisaca, hace ahora cinco años. Aquel fue un día reconfortante gracias al consuelo y presencia de tantas amistades y compañeros, pero también de oyentes históricos. En medio del gentío y sin saber a quién dirigirse, allí se presentaron Manuel, Generosa y alguna otra persona que, espontáneamente y sin haber hablado nunca con ella cara a cara, nos regalaron su testimonio y su abrazo.

Isabel Carou se había jubilado en 1986. Es decir, casi treinta años después de haber dejado los micrófonos de la SER, sus oyentes quisieron mostrar el pésame a la familia y manifestar el grato recuerdo de la locutora. ¡Menudo reconocimiento! Con motivo de su retirada profesional, así se expresó delante de los compañeros: “Acababa de cumplir los veinte años; nacía la radio para mí y nacía yo para la radio, cuando también estaba a punto de nacer la primavera de 1947. Empecé a vislumbrar un mundo nuevo y desconocido al que creí poder tener apretado entre mis manos. No fue así; poco a poco, sin apenas darme cuenta, empezó a tomar posesión de mi vida hasta que, cual droga solapada, se apoderó de mi mente y de mi cuerpo, pasando todo lo que no fuera ella, la radio, a un segundo término”.

 Isabel Carou ni fue la única ni la mejor, pero sin duda es una de las voces singulares que configuran la historia de la radio en Galicia. ¡Y cómo leía, cómo presentaba o cómo decía el verso! Mujer en un mundo de hombres, como sus compañeras de fatigas Pili Pereira, Mariluz Villar o María Teresa Navaza. Adoraba los libros –convertía en amigas a sus libreras– y le encantaba el cine. Los monasterios gallegos y la vida conventual, sobre los que hizo un programa cuando nadie hablaba de ellos, eran su gran afición. Ay, Isabelita, el verano pasado en O Carballiño, donde te criaste hasta que viniste a la universidad, cuánta gente me habló de ti… ¡Y cuánto me harté de llorar!