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Ánxeles Cuña

La Región |

La Región | 10 de junio de 2014

Lito Seoane

Esta entusiasta mujer, si perteneciese a mi imaginaria selva, podría ser perfectamente  una hermosa y ágil gacela, de las que habitan y abundan en los prados del África septentrional; inquieta, con una mirada en permanente movimiento, como si el  fijar los ojos unos segundos le impidiese o entorpeciese su constante ebullición creativa.

La conocí allá por los 80. Era muy joven, tenía muchísimas inquietudes. En el sillón  de mi peluquería, ella me contaba sus proyectos, sus obras,  sus ilusiones; yo le hablaba de los míos, mis desfiles,  mi escuela, mis alumnos… y así fue como viví  la carrera de aquella mujer, que nació para hacer algo importante por los demás y, por lo que ha demostrado, vivir la gran pasión de su vida, el teatro.

Persona cuidadosa de su aspecto, nunca fue esclava de una imagen muy diferenciada, aunque con sus cabellos más claros, a mí me recordaba a  Leslie Caron (Lili) o Mireille Mathieu, porque le apasionaban los looks con mucho volumen.

Al igual que la gacela imaginaria, que trasmite con la viveza de sus movimientos su veloz carrera, y su impecable minuciosidad, el sentimiento de que es inalcanzable, Anxeles lo hace con su palabra, su gesto, pero sobre todo con sus emociones, con el entusiasmo que deposita en todo lo que se propone. Igual que a la gacela, su férrea voluntad le ayuda en el salto para sortear y vencer los innumerables obstáculos que ha encontrado y encuentra en su vocacional camino.

Es evidente, que con su poder de convencimiento y esa rocosa constancia que le caracteriza, Anxeles  se habría impuesto en cualquier otra faceta artística, algo que por la exigencia de sus componentes  creativos, solo está al alcance de unos pocos.

En mas de una ocasión detecté en su rostro el cansancio y la decepción de los incomprendidos , de los que lo dan todo por su vocación, por su entrega a los demás…pero solo fueron retazos temporales que siempre superó con las facetas más transcendentes de su especial personalidad… la disciplina y su capacidad para emocionar.

Sus éxitos ahí están. Cuántos jóvenes y mayores, cuántas representaciones, cuántos ensayos, cuántos sacrificios por aquello en lo que siempre creyó, cuántas dificultades y decepciones de aquellos  que no se responsabilizan de una actividad artística que no siempre es merecidamente valorada y que, como otras, representa el ser o no ser de nuestra tradicional cultura orensana.

Hace algunos años que no la veo. Sé que pregunta por mí; yo también por ella. Eché mucho de menos aquel intercambio  de ilusiones, de proyectos. Así es la vida. Pero al igual que con  otras muchas mujeres de nuestra ciudad, con Anxeles Cuña Bóveda y su Sarabela, los habitantes  de esta orensana selva, hemos disfrutado y tenido mucha suerte, pero a Anxeles como a la suerte…¡hay que cuidarla y mimarla!

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