Opinión

Una del teléfono roto

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Una del teléfono roto

En el fútbol provincial ourensano, el desconocimiento surge con las nuevas generaciones que van abriendo espacio en los vestuarios. Todos se conocen, aunque no se saluden. Algunos amigos de amigos, otros simplemente conocidos. Y en este "pueblo", el juego del teléfono descompuesto o roto cobra vital importancia. A veces, para excitar la tranquilidad del que no tiene aspiraciones. A veces, para generar fervor competitivo. La información se escacharra y el mensaje llega deteriorado. Erosionado por el simple canal transmisor de emisor a receptor. Y con la cadena encolerizada que produce el altavoz del fútbol, se magnifica la actitud del parsimonioso. 

Que hay comentarios personales que son arte para enemistarse de forma colectiva. Actitudes irritables que se vuelven en tu contra desde una jerarquía impuesta por la clasificación. El recado pasa la energía de desasosiego a un hastío, que hace que la competición posea asombro. 

Un chasco para aprender que a veces es mejor tener las ideas presas y no soltarlas a la carrera. Antes de poner la lengua en movimiento, pon la mente en funcionamiento. Este aviso materno es una liturgia ante las múltiples meteduras de pata. Hay que tender la mano, no caer en el pecado de la avaricia. Tampoco en el del teléfono roto.