Opinión

El PSOE, bien; el resto está solo

Para el vicepresidente creo que tercero del Gobierno lo que quedó claro tras el Debate sobre el Estado de la Nación es la soledad de todos los partidos frente al potente discurso del presidente. Como lo leen. Si Chaves llega a esta conclusión, resulta mucho más fácil entender las claves de lo que esta pasando en el PSOE y en España. Se puede ser poco objetivo, incluso nada objetivo; se puede pontificar más que el Papa y llevar la militancia y la fe hasta extremos insospechados; incluso es posible hacer un análisis histérico de la realidad y confundir de buena fe los deseos con los hechos. El peligro es que todo eso le pase a alguien que debe tomar unas decisiones que a todos nos afectan. Que semejante afirmación la haga un invitado en ‘La Noria’, pues podría resultar incluso aparente, pero en boca de un vicepresidente del Gobierno, la cosa resulta más preocupante.


No soy nada partidario de esas encuestas que dan ganador del debate a uno o a otro porque cada medio arrima el ascua a su orador y los resultados no sólo son contradictorios sino absolutamente inútiles. Pero más allá de esas percepciones personales, están los hechos, y los hechos no son opinables sino contables. Y lo único evidente tras el debate es que al Gobierno no le amparaba nadie, que estaba solo frente a todo el arco parlamentario, frente a la derecha, la izquierda, los nacionalismos y el grupo mixto.


Ningún representante, salvo el del PSOE como es lógico, no ya es que apoyara las tesis del Gobierno, es que todos iban subiendo y las bofetadas dialécticas llegaban al rostro del Ejecutivo como los puñetazos a un púgil noqueado: desde todos los sitios. Que el Gobierno está dramáticamente solo hoy por hoy en el Congreso, es un hecho que únicamente Chaves es capaz de invertir y esa inversión/perversión de la realidad se explica desde la prepotencia o desde la ceguera.


Naturalmente que estas soledades, la de ahora del PSOE como la anterior de PP, son relativas cuando hay detrás once o diez millones de votos. En eso, de acuerdo. Y aún es más relativo cuando el ‘solitario’ en lugar de estar en la oposición ostenta el poder, lo cual le convierte en el administrador de los recursos, lo cual le vuelve a convertir en el oscuro objeto del deseo de todas las minorías con las que pactar un apoyo a cambio de un puñado de transferencias que no dejan de ser un puñado de euros. Esta semana veremos qué pasa cuando para aprobar esas cosas tan pintorescas y ya nacidas más o menos caducas, necesite el Gobierno el apoyo de unos o de otros.


Así es la democracia y hay que aceptar las reglas aunque no resulten demasiado elegantes.



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