Opinión

Cambiando el colchón

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Cambiando el colchón

Ya los refraneros anotan y en ciertos casos hacen derivaciones jocosas sobre el colchón. Lo incluyen las antologías de poesía erótica. Al caso, la expresión “sacudir un colchón”, que en el lejano latín se asoció con el acto de futuere, en latín vulgar fornicio, latín fornicium. O sea fornicar. Un lejano romance, cuyo estribillo realza la figura de un tal Periquito, muy pícaro y no menos mujeriego, explica las causas por las que fue despedido por su amo: “porque en un camaranchón / me halló con mi señora / sacudiendo un colchón”. No menos ilustrativo el proverbio en forma de advertencia: “A la que te de jalón” (tirón del brazo), “derechito para el colchón”. 

Acierta el refranero sobre el acto de “cambiar el colchón”. Ofrece múltiples lecturas, todas ellas entretenidas y no menos picantes. Tal vez la más inocente e ingenua sea la que alude al acto de “compartir el colchón”: “Dos que comparten colchón son de la misma opinión”. Se ajusta a la realidad del niño que no retiene la orina durante el sueño: “El niño meón, que calaba siete mantas y un colchón”. No tan solo el colchón como medio de descanso y confort; también como espacio íntimo del regodeo sexual: “El alimento del amor, es la confianza, el respeto y el colchón”. 

El refranero es un valioso compendio de sabiduría popular. Se lo advirtió don Quijote al pragmático Sancho: “Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la misma experiencia, madre de las ciencias todas” (I, 21). En boca de la hábil e inteligente Justina, personaje de la novela femenina con tintes picarescos (La pícara Justina), atribuida a Francisco López de Úbeda, se advierte que “cansados de las pesadas refriegas nos pusimos a dormir como si fuera sobre cuatro colchones de pluma”. La acepción semántica de refriegas asume el reflexivo refregarse, y el equívoco erótico del roce (refregar) de dos cuerpos. Impresa en Medina del Campo, en 1605, el mismo año en que sale la Primera parte de Don Quijote, en las prensas de Cristóbal Lasso Vaca, ve la luz con el título de Los entretenimientos de la Pícara Justina. El impresor Sebastián de Cermellas la reeditada ese mismo año en Barcelona (un best seller) con el título La Pícara montañesa llamada Justina. Camas, colchones, corredores están no menos presentes en La

Lozana andaluza de Francisco Delicado (1528), un claro procedente de la Justina de marras. Independiente y audaz, mujer libre, rompe con las convenciones literarias previas (doncella, alcahueta, bruja), al borde de la delincuencia y de la marginalidad asocial.

El cambiar colchón es en la novela de Juan García Hortelano, El gran momento de Mary Tribune (1972), un acto que no asume, pese al equívoco, ninguna sospecha mal intencionada. Mary Tribune, una viuda multimillonaria, americana, se liga con el protagonista, se mueve a su casa, y le intenta cambiar su vida.

El colchón funciona en este texto como símbolo (acomodo, bienestar, nueva relación conyugal), y como metáfora en cuanto que una realidad o concepto (cambiar de colchón) expresa o significa el acto físico y a la vez una realidad o diferencia, con el que guarda una relación de semejanza. Un ejemplo gráfico de metáfora sería la expresión “Esas dos esmeraldas que tenía como ojos brillaban en su rostro”. Si la “primavera de la vida” es una asentada metáfora de la juventud, las “esmeraldas” (el color verde) lo sean de la hermosura de unos ojos. El “cambio de colchón, según refiere el Manual de resistencia de Pedro Sánchez asociaría una nueva etapa en la vida de quienes lo comparten: social, política, y no menos sexual. La metáfora colchón delata vida doméstica, íntima, cambio, renovación. 

Las preceptivas literarias, tratados de retórica y de estética, detallan el significad de metáfora. Ya desde Aristóteles, ha sido objeto de extensas y detalladas monografías. Del latín metaphor y a su vez del griego, la metáfora establece una comparación entre una idea o un objeto (cambiar de colchón), sugeriendo a su vez una semejanza entre dos terminos. Uno, literal, el otro figurado: primerava igual a juventud, esmeraldas a ojos verdes. La metáfora, recurso valioso en la poesía, establece relaciones inéditas entre palabras. Multiplica sus significados. 

Uno de los pasajes más representativos de la peliculo Il postino (El cartero), inspirada en la novela de Antonio Skármeta, es la conversación entre el cartero Mario, interpretado por Massimo Trois, y el poeta chileno Pablo Neruda, sobre el sentido existencial y cultural del lenguaje. La frase clave es la pregunta que le hace el cartero a Neruda, ¿e qui e la metáfora?. Abstractas definiciones y ejemplos didácticos, e incluso el recitado de Neruda de un breve poema sobre el mar, no le aclaran a Mario las explicaciones del poeta chileno sobre el significado de la metáfora. Enamorado de Beatrice, Mario le confiesa las zozobras de su intimidad: “Yo era como ua barca sacudida por todas estas palabras”. 

Neruda felicita al postino por la metáfora “barca”, comparando sus relaciones amorosas con Beatrice con el inquieto vaivén de sus sentimientos Entre el alternado de las metáforas del poeta y la del cartero llegan a la metafísica de la existencia humana, al universo y a las criaturas que lo pueblan, metáforas de una última metáfora que no tiene explicación posible: el universo, su origen El artilugio coloquial “cambiar el colchón” se transcienden, como vemos, mas allá de su fisicalidad como objeto doméstico de descanso y de nueva acción política. 
(Parada de Sil)