Entre Kafka y Sísifo

Entre Kafka y Sísifo

Una movilización electoral sin precedentes, con porcentajes de participación históricos, confirman un mapa político inquietante: Catalunya está literalmente partida en dos. Pero las urnas corroboran,  además, que el independentismo no tiene -ni tenía- respaldo para su intentona secesionista y que “procés” era, en realidad, “El Proceso”: Un embrollo kafkiano, dramáticamente absurdo, que, montado y dirigido a ambos lados del conflicto por élites políticas necesitadas de tapar sus vergüenzas, ha terminado llevando a Catalunya a ninguna parte. Así las cosas, estas singulares elecciones -magnetizadas por los extremos, con los mismos actores principales enredados en su rueda de hámster, y con el retruécano “creativo” de presos y fugados- difícilmente podían aportar el hilo de Ariadna que guiara a la salida del laberinto. 

Una lectura aritmética del resultado electoral revela que la situación sigue empantanada, y una primera y apresurada lectura política nos dice que no es razonable esperar que quienes han creado el problema puedan gestionar la solución.
Sin negar otras cuestiones de fondo sobre el denominado “encaje de Catalunya” que en algún momento habrá que abordar, el “procés” de la ensoñación independentista -simple “soufflé” en la frívola y displicente justificación del “dolce far niente” del presidente Rajoy- ha sido durante los siete años más duros de la crisis una eficacísima tapadera de las políticas antisociales y de la corrupción de la derecha gobernante en Catalunya y en España, con el apoyo puntual de algún tonto útil en la izquierda. Un conflicto de ricos que usan como munición el voto de los pobres a los arruinan con sus políticas de precariado y desigualdad. Un conflicto de patriotas de cuenta en Suiza, capaces de envolverse en las banderas de un patriotismo impostado hasta el borde mismo de la destrucción de las patrias que dicen defender. 

De manera que salvo un improbable ataque de sentido común de esta generación política manifiestamente incapaz, que borrara de un plumazo líneas rojas, vetos y toda la hojarasca ideológica “innegociable” -y que apartara definitivamente a los líderes que con sus ilegalidades o su incompetencia nos han llevado hasta aquí- me temo que Catalunya seguirá embarrancada entre el “procés” de Kafka y la maldición de Sísifo, condenada a subir un peñasco gigante a la montaña de Montjuic, sólo para dejarlo caer de nuevo hasta el fondo, y volverlo a subir, y dejarlo caer… hasta el infinito.