Entre Murcia y el 
bar de la esquina

Entre Murcia y el 
bar de la esquina

Parece irremediable. La Región anunciaba ayer la aprobación por parte de la Xunta del proyecto de la nueva estación de autobuses y su licitación para febrero, y el indiferente y clamoroso silencio de la ciudad ante un plan que cercena su futuro demuestra que Ourense tiene, al cabo, lo que se merece y que por no ser ni siquiera llegará a ser Murcia. Ni Badajoz. Ni Plasencia.

Frente al ejemplo de la ciudad levantina y las extremeñas, que con sus instituciones y líderes políticos al frente, secundados por todos los estamentos sociales y profesionales, se han levantado contra el gobierno y han frenado su intentona de implantar proyectos ferroviarios de mínimos y sin visión de futuro -alegando, como aquí, falsas razones presupuestarias- Ourense disfruta del puente de la Constitución mientras Feijoo actúa.

Sin prisa pero sin pausa, Alberto Núñez Feijoo -cuya Presidencia pasará a la historia como una plaga bíblica para Ourense- ha terminado imponiendo la “falcatruada” ferroviaria que ya intentó en 2005, cuando era conselleiro de Política Territorial: Aquel proyecto rácano e incomprensible que mantiene el recorrido por el “trazado de la vergüenza”, encajona la Avenida de Marín con un muro que el tiempo transformará en el de las lamentaciones por nuestra pasividad, hace unas ñapas más o menos aparentes en la Estación, y mete a calzador los autobuses en amorosa vecindad al centro de salud, sin la menor vocación -en opinión razonada del Colegio de Arquitectos- de alcanzar la cacareada intermodalidad en términos mínimamente homologables.

Parece irremediable. Pero si queda alguna posibilidad remota de enderezar esta “desfeita” pasa por el PSOE ourensano -sería muy oportuno un pronunciamiento urgente de los candidatos a la primarias- no sólo porque fue el partido que gestionó y aprobó el único proyecto de ordenación urbana e integración ferroviaria con intermodalidad homologada, sino porque el desarrollo de este o un proyecto similar debería ser clave para su voto favorable al nuevo PXOM (aunque bien podrían no faltarle al PP otros apoyos para sacarlo adelante)

Es una posibilidad remota, pero otras no existen. De las llamadas “fuerzas vivas” (esas que clamaban contra los “aldraxes” a Ourense cuando gobernaban otros), nada cabe esperar excepto que declaren como su fiesta patronal el 2 de noviembre, que por ser día de difuntos cuadra mejor con su condición. La Cofradía de Soterradores, cumplido su espurio objetivo, “fica” soterrada. Y ese magma evanescente que la corrección política llama “ciudadanía” no escucha con atención a Joaquín Sabina y, en consecuencia, deja que la “compren por menos de nada”, deja que le “vendan amor sin espinas”, deja que la “duerman con cuentos de hadas”, y ya sólo aspira a que “no le cierran el bar de la esquina”.