La eternidad es hoy

La eternidad es hoy

No ignoro que la felicidad es un estado de bienestar transitorio, cuyo tiempo, siempre efímero, es inversamente proporcional a su intensidad. De manera que es inevitable que una difusa inquietud acompañe mi estado de absoluta euforia por la llegada del nuevo Gobierno de las ministras y de los ministros, la luminosa sorpresa que nos deparaba el destino después de tanta oscuridad y tormenta. 

Felicidad -y, sí, también esperanza- por intuir una luz, siquiera tímida y todavía incierta, al final del negro túnel de la desigualdad y el empobrecimiento de los más para engordar a los menos, de los patriotas de hojalata, cuenta en Suiza y amnistía fiscal, de las banderas y las banderías, de las tropelías en B y los finiquitos en diferido, de los hernandos sin bozal y los novios de la muerte. 

Felicidad -y, sí, también esperanza- porque una moción de censura prevista en nuestro ordenamiento constitucional para cambiar las cosas que no van bien sale adelante, y en pocas horas es investido un nuevo presidente demostrando el impecable funcionamiento democrático de esa vieja Constitución del 78 que todos invocan y pocos respetan.

Felicidad por la justicia poética que representa el triunfo del “Presidente David”, aquel que solo, fané y descangallado, libró a lomos de un inerme pero innegociable “no es no” la descomunal batalla contra los soberbios molinos de viento que lo zarandearon sin piedad en su poderosas aspas orgánicas, institucionales, financieras y mediáticas.

Y felicidad, sobre todo, porque la revolución feminista del 8 de marzo, la más emocionante (e impresionante) desde mayo del 68, está por fin en el centro de la vida política e institucional de este país. Falta mucho por hacer, sin duda. Si no fuera así, el hecho de que hubiera mayoría de mujeres en este gabinete no sería tan llamativo si no era igualmente chocante que en el anterior la mayoría fueran hombres.

De manera que queda camino, y no corto. Y sinsabores, seguro. Probablemente también nos esperan decepciones. Como cinéfilo, siempre tengo a mano una frase de la película “Sabrina”: “Las ilusiones son peligrosas. No tienen defectos”. Pero como aficionado a la poesía, hoy prefiero los versos antiguos y sabios del persa Omar Jayyam: “Bebe vino; esta es la vida eterna. Es cuanto te otorgará la juventud. Es la estación del vino, las rosas y los amigos… Sé feliz por este momento; este momento es tu vida”.