Los calzoncillos de Pla

Los calzoncillos de Pla

Si los temerarios ideólogos del “procés” hubieran invertido algún esfuerzo menos en alimentar la fantasmagoría de su Camelot independiente, y alguno más en leer a sus clásicos, tal vez no habrían arrastrado a tanta gente a la calle y a la cárcel para jugarse la gran Catalunya real, moderna, mestiza y cosmopolita que conocíamos por una república imaginaria que habría de nacer de una “feliz e indolora desconexión” (al final en “modo aborto”, unilateral, por supuesto).

Bastaría con que hubieran leído a Josep Pla i Casadevall, su más reconocido escritor y periodista de los siglos XIX y XX, para comprender que “la historia romántica es una historia falsa” y que por los pedregales de la mitología más o menos épica difícilmente Catalunya tendrá algún día una auténtica y objetiva historia deslastrada de memeces puramente sentimentales.

Lo cierto es que oyendo los despropósitos sobre “muertos en la calle” de la “lideresa” de ERC, Marta Rovira, la profesión de fe cristiana como guía política de Junqueras, o las declaraciones diarias del prófugo Puigdemónt y su obsesión paranoide en el mantenimiento de la ficción, aterrizar en la realidad ya sólo parece quedar al alcance de la política no soberanista más templada y de la mesura de la Justicia. Por eso es una gran noticia la unificación de las causas abiertas por la asonada independentista, y será aún mejor que la aceptación formal de la ley (sea o no una argucia instrumental de las defensas) baste para abrir las puertas de la prisión a Junqueras y compañía.

Eso debilitaría el martirologio plañidero y normalizaría en gran medida la ya de por sí difícil campaña electoral de diciembre, pero sobre todo desmontaría una de las últimas coartadas del “fantastic món de Puidemont”, ese mundo en el que el “poble catalá” son unos cuantos; quienes se atreven a confrontarlos son “botiflers”; la huida de tres mil empresas, una contrariedad temporal insignificante; la coherencia, pedir sedes de agencias de la Europa que quieres abandonar; y la ley, un molesto incordio en el camino a la Arcadia feliz. 

Ni el estropicio provocado en los últimos meses parece alentar el menor propósito de enmienda en los tozudos cabecillas del “procés”. Lo peor, sin embargo, es que tampoco leerán a Pla y así seguirán sin entender que romper con España es romper con Europa y con un imparable mundo global, y que el aislacionismo es una mala política en estos tiempos. Porque -como advertía lúcidamente el gran prosista de Palafruguell- Catalunya fabrica muchos calzoncillos, pero no tiene tantos culos.