No son los políticos…es el pueblo, estúpido

No son los políticos…es el pueblo, estúpido

Cuando en la campaña presidencial norteamericana del 92 el viejo Bush insistía en los tópicos gastados y demagógicos de la corrección política, un avispado asesor de Bill Clinton resituó el debate: “Es la economía, estúpido”. A partir de ahí, quedó enfocado el problema real.

Lástima que un cuarto de siglo después estemos en Ourense tan lejos de diagnosticar la exacta naturaleza de nuestros problemas y nos sigan pasando por delante los trenes de la historia y, desde luego, los de Alta Velocidad, paradigma de la política de vuelo corto y fuego fatuo que nos corroe el futuro. Mientras Murcia, o Badajoz o Plasencia pelean por cambiar los proyectos ferroviarios sin visión de futuro que querían imponerles desde Madrid, aquí soportamos en silencio -como las hemorroides- el destrozo del Complejo Intermodal de A Ponte perpetrado en los últimos años por el PP y ratificado, al parecer, en los últimos tres meses por el PSOE (después de mil años de retrasos acumulados, ya son prisas). 

Como he escrito tantas veces en La Región, el Complejo Intermodal no era un capricho, ni una idea faraónica, sino la oportunidad de convertir Ourense en el “nodo” de la Alta Velocidad Ferroviaria en el que convergen e intercambian todas las líneas AVE del futuro entre Madrid y Galicia: la actual Santiago-Coruña-Ferrol, y las futuras Pontevedra-Vigo-Oporto y Monforte-Lugo. Una oportunidad estratégica que los gobiernos del PP y sus subalternos políticos locales tiraron a la basura y que -si nada lo remedia, y sigo esperando quizás contra toda esperanza las alegaciones del PSOE ourensano- el gobierno socialista parece recoger ahora del contenedor para llevarla definitivamente al vertedero.

Urge resituar el problema para no seguir equivocándonos y cargando en exclusiva las culpas a la clase política manifiestamente mejorable que nos ha tocado. Hace unos días me recordaba un amigo la fe de Castelao en eso que ahora llamamos pomposamente ciudadanía: “Nós temos fe no noso pobo e moi logo o noso pobo terá fe en nós”. Pero no. Salvo que ese “nós” sea el arcaico plural mayestático, viviendo en el Ourense actual la “fe no noso pobo” solo podría ser la fe del carbonero. 

De manera que podemos seguir achacando al carácter inane y subalterno de nuestros políticos locales tanta resignación ante la pérdida de oportunidades, pero sería seguir instalados en la puerilidad, en el manoseo de lo políticamente correcto y en la demagogia. El levantamiento popular por una integración sensata del AVE en Murcia frente a la pasiva indolencia de Ourense, demuestra que -como Bush en el 92- estamos desenfocando el problema: No son los políticos…es el pueblo, estúpido.