Sergio Otamendi
CRÓNICA INTERNACIONAL
Marco Rubio, el gestor del dispositivo
MODA
En la industria de la moda hay fechas que ya funcionan como auténticos acontecimientos culturales, y el Black Friday es, sin duda, una de ellas. Aunque oficialmente aterriza el viernes 28 de noviembre, la realidad es que muchas marcas llevan días —si no semanas— calentando motores con adelantos, descuentos progresivos y campañas diseñadas para que ninguna de nosotras pueda mirar hacia otro lado. La estrategia es clara: extender el periodo de rebajas para evitar colapsos en tienda y, sobre todo, mantener la sensación de urgencia activa durante el mayor tiempo posible. Un juego psicológico que, admitámoslo, todos conocemos… y todos aceptamos encantados.
Esta fecha se ha consolidado como el pistoletazo de salida para las compras navideñas, pero también como el momento perfecto para darnos ese capricho especial de nueva colección que no siempre nos animamos a comprar a precio completo. Es el equilibrio entre la emoción del hallazgo y la satisfacción de aprovechar un buen descuento. Y así, año tras año, repetimos el ritual: listas de deseos, ventanas abiertas en todas las webs, análisis comparativo de tejidos, colores y precios, y finalmente esa decisión que se siente más inteligente que impulsiva —aunque sepamos que es una mezcla de ambas.
Como cada temporada, he aprovechado esta semana previa para revisar mis fichajes en las principales firmas. Busco piezas especiales, esas que no son estrictamente necesarias, pero que elevan un armario y aportan carácter a cualquier look. Tras un repaso exhaustivo, me quedo con tres hallazgos que resumen muy bien lo que, para mí, debe ser una buena compra de Black Friday: estilo, versatilidad y un toque de personalidad.
Una pieza etérea, atemporal y con el sello inconfundible de la firma: líneas depuradas, plisados que juegan con la luz y un blanco luminoso que funciona tanto en invierno como en primavera. Es uno de esos vestidos que hablan por sí solos.
La tendencia ballet core sigue fuerte, y estas bailarinas de serraje marrón son la definición de elegancia relajada. El tono “mocha mousse” es cálido, combinable y perfecto para looks urbanos que mezclen comodidad y sofisticación.
Porque un armario equilibrado necesita también una dosis de diversión. Esta chaqueta de efecto pelo con estampado animal aporta textura, volumen y un guiño irreverente que transforma cualquier estilismo sencillo.
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