Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
RECORTES
El desolador panorama que se advierte en una ancha franja del país torturada por los incendios forestales muestra que al menos una de las facetas de las múltiples que conforman el poliedro del sistema de reparto territorial dividido en administraciones autonómicas no está funcionando como debiera. Algo flota en el ambiente y se percibe en las doloridas críticas de los afectados por el fuego en todas sus expresiones, que indica la ineficacia del actual sistema de lucha contra un fenómeno que debería estar muy convenientemente repartido porque cada año se repite con mayor o menos virulencia el azote del fuego en el monte y los desmanes correspondientes. Cierto es que hay participando en la pelea un buen número de recursos y personas cuya participación debería responder a los protocolos de un plan integral para la defensa de este azote atroz, pero los resultados no son buenos. Incluso defraudan por sus lagunas en la práctica y el desastroso balance que incluye la pérdida de vidas.
El hecho de que el Gobierno dependa del comportamiento de unas autoridades autonómicas que se comportan con vocación territorial como en casi todas sus actuaciones, no favorece una respuesta efectiva y contundente
Personalmente creo que este tipo de calamidades –como lo fue la dana de Levante y otros sucesos significativos- no puede compartimentarse, y debe ser asumido por la máxima autoridad política y administrativa del país que es su Gobierno. El hecho de que el Gobierno dependa del comportamiento de unas autoridades autonómicas que se comportan con vocación territorial como en casi todas sus actuaciones, no favorece una respuesta efectiva y contundente a la situación y no parece tampoco segura ni eficiente en la política de tratamiento previo del territorio con vistas al combate en el momento en que se produzca. Esa sospecha se acrecienta cuando los fuegos son tan intensos que acaparan superficies pertenecientes a distintas administraciones, panorama que parece constituir una ayuda inestimable para fomentar el caos.
El presidente Sánchez, que aspiraba a encerrarse a cal y canto en su fortaleza de La Mareta rodeado por un contingente de medio centenar de guardia civiles y varios círculos de férreo control para no ser molestado ni interrumpido en su paz espiritual, no ha tenido más remedio que salir al medio del ruedo para comentar que creará un órgano anti tragedia. Como salga como los trenes, estamos listos.
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