Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
Reinaba en España Carlos III cuando sucedió una revuelta popular masiva, que llegó a considerarse una seria amenaza para la seguridad del propio rey.
Aunque lo más probable es que los diferentes intereses de algunos nobles y del clero estuvieran detrás del levantamiento, se dice que el motivo principal de la revuelta fue la carestía del pan, que había duplicado su precio en cinco años, lo que hizo crecer la impopularidad de Leopoldo de Gregorio y Masnata, marqués de Esquilache y principal ministro del monarca, autor de las reformas económicas que habían llevado al pueblo a una situación de necesidad insostenible.
Esquilache, italiano de nacimiento, pretendía además erradicar definitivamente el uso de la capa larga y el chambergo, con el argumento de que permitían el anonimato y facilitaban en sí todo tipo de delitos.
Esto ya fue demasiado para los madrileños, al considerar que un extranjero pretendía cambiar sus costumbres.
La tarde del Domingo de Ramos de 1766, un embozado con capa larga y chambergo se acercó al cuartel de la policía en una actitud del todo provocadora. Aquello fue el germen de la revuelta, que poco a poco se fue extendiendo por todo Madrid.
Los amotinados fueron por toda la ciudad destrozando todos los faroles que encontraron a su paso, y que se llamaban esquilaches por haber sido instalados por el ministro obligando a la población a costear su mantenimiento, lo cual había producido también un encarecimiento del aceite.
Al llegar a la casa de Esquilache, el ministro no estaba, la asaltaron matando a cuchilladas a un sirviente que había ofrecido resistencia. El día terminó con la quema de un retrato de Esquilache en la Plaza Mayor.
No fue un motín ni contra el rey ni contra la nobleza. Los madrileños luchaban contra la situación a la que, según el pueblo, Esquilache les había conducido.
El 26 de marzo el ministro fue desterrado y se marchó rumbo a Nápoles.
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