Opinión

¿Tomamos un café?

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¿Tomamos un café?

La iniciativa surgió de la vicepresidenta Calvo cuando respondió a la portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo. Cuando quiera, dijo Carmen Calvo, nos tomamos un café. Álvarez de Toledo no cogió el guante, pero no sería mala idea que ambas mujeres quedaran un día y se hablaran con claridad, de tú a tú en torno a un café que siempre sienta bien. No coinciden en casi nada, pero menos coincidían Fraga y Carrillo y se abrazaron y ninguno de los dos dejó se ser lo que eran.

Habría que tomar más de uno para afrontar lo que ya tenemos y la que se nos viene encima. No niego de ningún modo los fallos que haya cometido el Partido Popular, pero cuesta entender -sé que es un argumento recurrente- que no sea el presidente del Gobierno el que le diga a Pablo Casado ¿nos tomamos un café?

Sabe el presidente que desde la discrepancias, el líder del PP jamás le ha dado plantón ni se lo va a dar si el jefe del Ejecutivo tuviera a bien llamarle. Pero no sólo no lo ha hecho desde febrero, sino que cuando le pregunta algo, la respuesta del presidente es a dónde vas que manzanas traigo. Un ninguneo total y absoluto que si bien puede formar parte de una estrategia premeditada, en estos momentos y cara al futuro más inmediato es toda una temeridad.

Y es toda una temeridad, no sólo por la situación económica que produce auténtico vértigo, sino por las medidas que sí o sí se van a tener que tomar y que de ninguna de las maneras van a ser del gusto de Podemos que, como estamos viendo, trata de sacar cabeza venga o no al caso. De ahí que saquen a pasear supuestas y siniestras ideas de golpismo. De ahí que el miércoles, Pablo Iglesias subiera al estrado del Congreso para defender el IMV cuando previamente lo había hecho el ministro Escrivá, auténtico artífice de la medida que, siendo buena y necesaria, no es una idea ex novo pero que ahora, acertadamente, se ha consolidado a nivel nacional.

Todas las encuestas indican que el denostado bipartidismo se está fortaleciendo, que los extremos no llevan a nada, y ese bipartidismo es el que debiera ponerse en marcha sin menosprecio y sin ignorar a otras fuerzas políticas. Debería Sánchez proponer un café a Pablo Casado. Lo cortés no quita lo valiente y los que llevamos años en este oficio sabemos bien cuántos problemas, cuántas situaciones difíciles se han sorteado en torno a un café.

Llegará el momento y este momento no está lejos, en el que el Gobierno, es decir Pedro Sánchez, tenga que poner en la balanza las exigencias de unos y otros; ponderar que le va a generar más coste. Es más que probable que incluso cuando ese momento estalle en la cara, el presidente del Gobierno se mantenga en sus trece de arrinconar de manera deliberada al PP, cosa que lleva haciendo desde hace muchas semanas y que se dispone a ello a la hora de renovar la composición de varios organismos.

Gabriel Rufián, y lo vuelvo a recordar, dijo en el Congreso que los acuerdos no se buscan, se sudan. ¿Alguien ha visto al presidente una sola gota de sudor para buscar el acuerdo con el PP?

El gran acuerdo va a ser necesario porque España, en cuestión de muy pocos meses, va a entrar en una situación que va a desbordar a un Gobierno cuyo vicepresidente ha empezado a leer encuestas y comienza a pensar que eso de ser socio electoralmente no le va a ser tan rentable como creía y si alguien cree que a Iglesias no le importan los votos, que lo suyo es sólo afán de servicio, se engaña o no sabe nada de política. Los votos le importan no menos que a Sánchez o a Casado. La diferencia es que Sánchez come una vez a la semana con Pablo Iglesias y con Casado no quiere ni un vaso de agua.

Si estuviera a tiempo, Cayetana Álvarez de Toledo debería tomarse un café con Carmen Calvo.