Es la hora del jefe del Estado

Es la hora del jefe del Estado

Es preciso mirar más allá del fin de esta campaña electoral tan anodina e incluso más allá de los propios resultados electorales. Ha llegado la hora de la intervención del jefe del Estado. La nueva presidenta del Congreso, Meritxell Batet, cumplió con una primera visita de cortesía al rey y ahora, tras las elecciones, a partir de la semana próxima se iniciarán los trámites de consulta en el palacio real, se supone que una vez que se hayan delineado los pactos para que Pedro Sánchez pueda ser investido y forme su nuevo Gobierno. Todo debería quedar cumplido antes de finales de junio, porque ya se ha perdido mucho más tiempo del debido entre eleccio-

nes simultáneas y demás ocurrencias políticas.

Estoy convencido de que la “ronda de contactos” que Pedro Sánchez hizo con los otros dirigentes políticos -exceptuados Vox y los nacionalistas y separatistas- inmediatamente después de las elecciones generales fue positiva para tratar de que las audiencias reales en La Zarzuela no resulten tan traumáticas como lo fueron cuando, allá por enero de 2016, Felipe VI trató de desbloquear la situación pidiendo a Rajoy, que se negó, que se sometiese a la investidura, abriéndose un período de crisis e incertidumbre política que de ninguna manera convendría ahora repetir, sobre todo cuando los resultados en escaños parecen estar más claros.

Doy por hecho que el PP se mantendrá en el “no es no” a abstenerse en la votación de investidura, lo que así posibilitaría que Pedro Sánchez gobierne en solitario. Y estoy casi -casi: a ver quien puede estar del todo cierto en estos tiempos...- seguro de que Ciudadanos también mantendrá su radical negativa: ambos necesitan mostrar que son los líderes de la oposición, parece. Como si una oposición razonable se limitase al combate y no incluyese una colaboración crítica cuando preciso fuere. Así que también hay que dar por casi -casi- hecho que el actual presidente y futuro presidente habrá de forzar un pacto (¿de Gobierno de coalición? ¿meramente de Legislatura?) con Podemos y que también habrá de entenderse de alguna manera con los secesionistas de Esquerra Republicana de Catalunya, además de con grupos menores. Volveremos de nuevo a las sumas y a las geometrías variables de antaño, pero esta vez con la casi certeza de que, con unos u otros, Sánchez acabará revalidando en las urnas la presidencia del Ejecutivo que hace menos de un año consiguió merced a la moción de censura.

Creo que se habrá facilitado así el papel del jefe del Estado, que tendrá que tragar algunos sapos -supongo que va con el cargo- en su ronda de conversaciones con los líderes parlamentarios de algunos partidos que se proclaman esencialmente republicanos y no perderán la ocasión de demostrarlo ante las cámaras de los medios apostados en La Zarzuela. Pero esta vez, déjenme sentirme por una vez optimista, las cosas han de salir mejor, porque me parece que todos han aprendido alguna lección. O no... que diría aquel presidente gallego de quien ya nadie parece acordarse.