Ni odio, ni rencor, ni justicia

Ni odio, ni rencor, ni justicia

Hannah Arendt escribió en su libro “Eichmann en Jerusalén”: “La justicia, que no la misericordia, es la finalidad de todo juicio, y en ningún otro punto es tan felizmente unánime la opinión pública como en que nadie tiene derecho a juzgar al prójimo. Lo que la ciudadanía nos permite juzgar, e incluso condenar, son las tendencias generales, o los grupos de seres humanos -cuando más amplios mejor-. Nos permite juzgar algo tan general que ya no cabe efectuar distinciones ni mencionar nombres”. 

Mañana, día 7 de junio, se entregan a la familia De Dios los restos de Perfecto de Dios Fernández, asesinado por unos desalmados “agentes del orden” (?) el 16 de mayo de 1950. El cadáver fue enterrado extramuros del cementerio de la localidad de Chaherrero (Crespos, Ávila). El crimen fue uno más de los muchos cometidos por el franquismo en los años posteriores a la Guerra Civil. Hoy no se trata de juzgar a los agentes que físicamente cometieron el delito, sino a un régimen cruel y sanguinario que enfrentó a los españoles en una escalada de odio y rencor que durante generaciones ha estigmatizado a nuestro pueblo. Los valores de tolerancia, respeto al otro, equidad, libertad y justicia fueron secuestrados durante los cuarenta años que gobernó el dictador. Miles de familias fueron destrozadas por la violencia sin límites que reinó con la mayor impunidad, y una de esas familias desgarradas fue la de Camilo de Dios.

Camilo es un gran hombre, bueno, honesto y sobre todo coherente con su ideología, con un pensamiento solidario y de entrega a los demás. A pesar de las terribles torturas a que fue sometido, a pesar de los años de cárcel que sufrió por defender los derechos ciudadanos, a pesar de saber que su hermano fue asesinado, a pesar de todo, Camilo no odia, no siente rencor hacía los desalmados que ejercieron de verdugos en nombre del dictador. Coincide con Arendt en que la perversidad del régimen fascista propició el clima para que los insignificantes malvados pudieran desarrollar el mal que anidaba en sus corazones, amparados por la ideología exterminadora del fascismo. 

Nuestra democracia nunca estará consolidada hasta que el Congreso de Diputados condene unánimemente los crímenes del franquismo, como ya lo hizo el Parlamento de Galicia. Hay que seguir aplicando y financiando la Ley de la Memoria Histórica, paralizada y boicoteada por el actual Gobierno. El Ejecutivo debe de garantizar que no quede un solo cadáver en las cunetas o en los campos de España. Las familias han de poder enterrar con dignidad a sus muertos. Mientras eso no suceda, el franquismo seguirá vivo. 

Mañana, gracias a la solidaridad internacional (el sindicato noruego ELOGIT) y a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), un hombre de A Limia, un joven asesinado a los 19 años en los brazos de su madre, un luchador por las libertades será enterrado dignamente en su tierra y Camilo, el amigo de todos, el penúltimo guerrillero, podrá decir que la justicia, aunque sea con retraso, siempre triunfa. Lástima que su madre no viva para verlo, aunque sus restos se unan con los de su hijo Perfecto en un abrazo eterno.