Opinión

Daividas Busma y los pivots que no saben sonreír

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Daividas Busma y los pivots que no saben sonreír

En dos pantallas paralelas, Messi paseaba en el Camp Nou su sonrisa favorita -esa que se te dibuja cuando decides abrir antes de tiempo la segunda fila del Surtido Cuétara-, al mismo tiempo que Busma destrozaba al Melilla celebrando cada canasta con el mismo entusiasmo con el que se enfrentaba a los verbos regulares en su Klaipeda natal.

Porque si todos los jugones sonríen igual, es lógico encontrarse enfrente con un grupo de hombres y mujeres que triunfan sin alterar ni un centímetro de su cara. En esa categoría encontramos al pivot del COB.

Ayer, Busma machacó al rival de una forma tranquilizadora para todos. Como un funcionario de una república exsoviética, instaló su oficina en la zona para ir repartiendo, sin prisas, pero con estudiada eficiencia, los visados a Tsiaras, Wright, Laso y Granell. Se comenta que incluso tuvo tiempo para leer un par de capítulos de 'Anna Karenina' -a esta clase de gente le apasionan los clásicos rusos-, antes de que sonase el timbre y pudiese recoger sus bártulos. Sin sonreír, pero con los deberes hechos.

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