Opinión

Las licencias para pescar

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Las licencias para pescar

Estamos en vísperas de unas elecciones catalanas de las que desconocemos, después de tantas encuestas, cual va a ser el final. Acaso marquen el fin de una época convulsa para Cataluña. Eso esperamos muchos. Y lo único que deseamos lo refleja muy bien el cardenal de la ciudad condal, monseñor Omella. Dice sobre estos comicios: “Evitemos el enfrentamiento personal, la mentira y la falta de respeto”. Los refranes castellanos suelen ser muy certeros y reflejan una filosofía particular y del pueblo que casi siempre tienen razón. Entre ellos aquel conocido de que “a rio revuelto, ganancia de pescadores”. Pues ante reiteradas elecciones en España escuchamos motivos más que suficientes para dar por buena la frase del purpurado de Barcelona. Como si en medio de un ambiente revuelto fuese el terreno propicio para “pescar” votos sin importar los medios a algunos candidatos. Como si el fin, el escaño, justificase los modos para conseguirlo. Se escuchan verdaderas barbaridades impropias de una sociedad civilizada y madura.

Justo lo que está ocurriendo en el panorama nacional. Como algunos se aprovechan de la situación para, de una manera muy sibilina, ir consiguiendo lo que desean. Esto se me antoja un juego muy sucio precisamente cuando el tema a tratar es la paz y la sanidad nacional. Pero parece importarles un bledo a muchos y en la vorágine de tantos datos, y muertos incluidos, algunos de empeñan en conseguir ayudas para su autonomía o ciudad e incluso ven unos la ocasión pintiparada para solicitar la autonomía y la independencia o para llenar sus arcas a cambio de votos con incontables dislates, si fuesen precisos. Una postura de verdadero escándalo.

Y aun más, se aprovechan algunos para conseguir cosas que en tiempos normales jamás conseguirían. La compra de votos sea como fuere es lamentabilísimo. Al margen, como si pasasen del tema, quedan los moribundos y los muertos, sepultados de una manera indigna mientras en el Parlamento, sus señorías se mueven en otras coordenadas muchas veces vociferando incomprensiblemente.

Decíamos al comienzo que esperamos, desearíamos, que comenzase una nueva época de cordura, sensatez y sin tantos sobresaltos. En definitiva, que la cosa pública se gestione sin que tengan que intervenir como protagonistas los estamentos judiciales. Esta es la triste realidad de los últimos años en la politica española. El continuo paso por los tribunales. Para ello debieran quedar muy claros y delimitados los poderes de un Estado de Derecho y de una verdadera democracia. Una cosa es el poder legislativo, otra el ejecutivo y, en definitiva, el judicial. La intromisión de uno en los otros es siempre pernicioso para el país. Es un mal presagio cuando el poder ejecutivo pretendiese dominar el judicial e incluso el legislativo. Porque está claro como algunas veces el ejecutivo, para mantenerse en el mando, pretende manipular a los otros dos, consiguiendo adeptos a bese de prebendas o promesas. Son muchos los ejemplos.

En España todas las autonomías debieran gozar de los mismos privilegios y el equitativo reparto, algo que, por desgracia, vemos que a veces se ignora y que se les concede a unos lo que a otros se niega, con tal de apoyos necesarios para continuar en el poder. Esta es la realidad y es de esperar, de una vez por todas. que las urnas hablen sin presión y que el gobierno autonómico que salga de las urnas se constituya sin “remuneraciones” a todas luces fuera de lugar.

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