Opinión

¿Podría enderezarse algo?

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¿Podría enderezarse algo?

Comenzamos un nuevo año y echando mano de nuestras utopías todos anhelamos lo mejor a todos los niveles. Sin duda querríamos dejar el pesimismo para situarnos en una mirada de futuro que nos relajase, por lo que ésta suponga de paz, concordia y entendimiento. Porque el gran problema debe afrontarlo España pero también el resto del mundo y muy en especial Hispanoamérica. El mundo está revuelto. He estado estas navidades en Argentina con mi familia y he podido captar, después de hablar con personas de distinto signo, que la zona atraviesa momentos de crispación que se refleja en las calles. Chile, que parecía un lugar muy tranquilo, vive convulsionada por mil y un problemas que llenan las calles mientras el presidente Piñera, igual que Macrón en Francia, se las ven y desean para calmar la situación. Lo de Bolivia está por aclarar y en ello es nuestro país el que tiene que dar explicaciones claras y contundentes. Cuando menos es preocupante la afirmación de Evo Morales de que Rusia debe estar en Hispanoamérica.

En el fondo son muchos los que ya opinan que detrás de toda esta confusión hay alguien que ve con buenos ojos las rupturas y divisiones para imponer sus ideologías. Unas ideologías que, por otra parte, se ha visto que han fracasado en tiempos recientes. Pero se insiste en imponer un estilo que ya ultrapasa al populismo en moda en los diversos campos de la sociedad. Populismo que encierra detrás fines tantas veces inconfesables. Parece como si interesase a algunos que se cumpliese el “divide y vencerás”. Lo están logrando incluso radicalizando a poblaciones otrora pacificas y que ahora con pancartas, caceroladas y alborotos llegan a todas partes. Es difícil, muy difícil dado el camino emprendido, y la siembra colocada en cada país por manos y países ocultos, enderezar la situación.

Se ve, por ejemplo, Venezuela que hace tiempo se daba por hecho la caída de Maduro pero que lejos de irse, “alguien” lo está sosteniendo desde fuera ante lo que el pueblo sufre hambre, la democracia está bajo mínimos y el chavista conserva su sillón de una manera incomprensible. ¿A quien interesa que países como Venezuela y Argentina, que poseen toda clase de recursos, lo estén pasando mal? Esta es la cuestión que refleja la realidad. 

Han vuelto los peronistas a la Casa Rosada. Algo lógico conociendo un poco a los argentinos. De una manera u otra el numero de los seguidores de Juan Domingo Perón son incontables y renacen de cuando en cuando pese a los opositores que van surgiendo. Y ocurren cosas de lo más variopinto. Acaban de ganar los peronistas, que han unido distintas facciones que tiempo atrás parecían irreconciliables. El nuevo presidente y la controvertida viuda de Kirchner se habían dicho de todo y ahora uno es el presidente y ella ocupa con orgullo rebosante la presidencia del Senado a la espera de que se cierre el cúmulo de problemas que tiene pendientes con la Justicia argentina. Que se archivarán.

El pueblo argentino en una mayoría considerable lleva en sus venas la ideología peronista pese a que se haya dividido en ocasiones. Por eso cuando esporádicamente llegan los Radicales, su estancia en el poder acaba mal o es breve. Recuérdese a Alfonsín, De la Rúa o Macri. Se olvidan a Mitre y Alberdi, entre otros que tuvieron gestiones importantes, pero el pueblo al final mira en el recuerdo para Perón y su inolvidable Evita. Y cuentan, los peronistas, con grandes apoyos desde el exterior que pueden discrepar o discreparon antaño de Cristina, pero que anteponen el peronismo y la votan. ¿Podrá todo esto enderezarse en este año que comienza?