Opinión

La barbería Custodio, lugar de reunión

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La barbería Custodio, lugar de reunión

Eduardo Prieto Rey fue el fundador de la Barbería Custodio en Puente Canedo. Tomaba el nombre nada menos que de su bisabuelo Eduardo Rey Custodio, que tenía un establecimiento de este tipo en la calle de La Paz, en Ourense, exactamente frente al Teatro Principal. Era tal la categoría que Blanco y Negro publicó un reportaje considerándola una de las mejores de España, precisamente, al tener el honor de atender en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera el presidente del Gobierno, el padre de José Antonio Primo de Rivera, en una visita a Ourense.

Además Custodio era el maquillador oficial de las compañías de teatro que llegaban al Principal, lo que extendía su fama por el mundo de la farándula. Con Custodio trabajaba su yerno, Argimiro Prieto, que se había casado con Matilde, la hija única de Custodio. Argimiro era primo de Julio Prieto Nespereira, destacado pintor, que daba un paso de gigante en su profesión al ganar las oposiciones de acceso a la Casa de la Moneda. Con Argimiro quiso independizarse en unos momentos en que perdía poder la calle de la Paz e iba a ser la del Paseo el progreso, y se estableció en la esquina con la calle de Alba, donde está Armería Marcial. Con él trabajaba su hijo Eduardo, que quiso venir al Puente por dos motivos: no competir con su padre y estar más cerca de su novia, la pontina de Quintián Rocío, con la que iba a casarse.

Peluquería Custodio, al lado del Café Lisardo, en la calle Queipo de Llano, se convierte rápidamente en un lugar especialmente concurrido. Siempre completo. Porque no todos iban a cortar el pelo o afeitarse; eran clientes y amigos, que convertían al local en una especie de lugar de reunión. Con gente con buen humor era un lugar agradable y que daba lugar a situaciones verdaderamente anecdóticas. También lo era incluso para los niños, que nos dejaban los padres para que nos cortaran el pelo y disfrutábamos observando las reacciones y a veces hasta las discusiones que allí se producían, siempre en tono alegre y desenfadado.

Con Eduardo trabajó primero su cuñado Manolo y luego su hijo Argimiro, Chicho Custodio, que en poco tiempo se convirtió en un excelente profesional. Muy vinculado a la familia de Fernández Carnicero, con el que hizo gran amistad. Y frecuentaba las tertulias y espectáculos que llegaban al Café Lisardo que tenía al lado. Eran tiempos tan especiales que, en sus últimos años de vida, nos comentaba detalles el propio “jefe” Eduardo “Custodio”: “Atendíamos incluso a mujeres con las que te llevabas alguna sorpresa, como aquella que, al deshacerle el moño y soltarle el pelo hube de retirarme dando un salto y lanzarme luego a pisar los piojos que de aquel pelo saltaron. Y es que la limpieza, el aseo, a veces dejaba mucho que desear…” Carnicero, Café Lisardo y Custodio darán mucho “juego”. Ya lo veréis… ¡Ah! Y anécdotas vividas especialmente por Chicho Custodio, al que perdimos hace pocos años.