Opinión

La manada, sumisión química y la ley SB-967

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La manada, sumisión química y la ley SB-967

Las relaciones entre sexo y drogas han sido claras y han estado muy bien documentadas durante cientos de años. Las llamadas “pócimas amorosas” se han utilizado como “ayuda sexual” tanto en textos antiguos, clásicos y contemporáneos, pero sobre todo cuando los hombres perseguían a una mujer. En realidad, dichas “pócimas” eran a menudo plantas u otras sustancias con propiedades psicoactivas destinadas a excitar o a desorientar un individuo, y con frecuencia eran administradas sin su conocimiento. Menos difusa y muy conocida es la relación histórica, en los dos sexos, entre el consumo de alcohol y la desinhibición sexual y la costumbre de animar a beber alcohol a otra persona para aumentar las probabilidades de actividad sexual.

La sumisión química en una de sus modalidades, el uso de Drogas como Facilitador del Asalto Sexual (DFAS) tiene una gran relevancia socio-sanitaria; este uso está ampliamente relacionado con la victimización sexual. Las DFAS son sustancias empleadas (sin el consentimiento de la víctima o bien presionándola para que consuma más de lo que tenía previsto) para dejar a ésta en estado semiconsciente y, por tanto, incapaces de oponerse a un ataque sexual, siendo el alcohol la principal DFAS pero no la única así la cocaína, ketamina, burundanga, metanfetaminas, GHB, Benzodiacepinas, y algunos inhalantes volátiles. Por ejemplo, el famoso humorista Bill Cosby recién condenado en EE.UU por violar a 46 mujeres con este sistema, utilizaba   Quaalude, un potente sedante que les echaba en la bebida.

El desconocimiento o el menosprecio de las posibles consecuencias para la salud es un elemento que prima en la juventud en general y son demasiados los que utilizan las drogas para “ayudar en su satisfacción sexual”; los efectos de las drogas en la sexualidad femenina y masculina son altamente peligrosos, ya que pueden causar daños irreversibles y lamentables en cada persona.

Las drogas pueden influir de diferentes formas sobre la actividad sexual: afectando el deseo, la excitación y el orgasmo, pero todas, en general, tienen claras consecuencias sobre las capacidades cognitivas de las personas que las consumen y en el momento del acto impiden o menoscaban la capacidad para tomar las mejores decisiones (ejemplo, uso de preservativo), de modo que el deseo sexual se ve modificado. Otras drogas disminuyen el deseo sexual, pero algunas de ellas pueden (en la mayor cantidad de ocasiones parecen incrementarlo), actuando como afrodisíacos o desinhibidores. 

Casos similares a los acontecidos en los San Fermines del año 2016 son más comunes de lo que creemos, pero no solo en España. Así en EE.UU, esta práctica de abusar/violar a chicas/mujeres bajo los efectos del alcohol y/u otras drogas era tan común que se estima que  una de cada cinco universitarias en EE.UU. habría  sufrido algún tipo de agresión sexual. De entre estas, tan sólo un 12% lo denunció. 

Para remediar o enmendar esta situación, en el año 2014 en California se aprueba la ley SB-967 conocida como “Sí quiere decir Sí”. Esta ley define el consentimiento de tener sexo como un acuerdo voluntario y no como la falta de resistencia. El texto legal establece que debe de tener lugar un "acuerdo afirmativo, consciente y voluntario" para tener relaciones sexuales y que éstas se pueden interrumpir en "cualquier momento". Según la legislación, una persona que está ebria o drogada, sin conocimiento o dormida no puede haber acordado mantener relaciones sexuales. Además, señala que el consentimiento puede transmitirse mediante un "sí" verbal o indicarse en forma no verbal, pero la falta de resistencia o de objeción no pueden tomarse como consentimiento. La ley exige que las universidades que reciben fondos o ayuda del estado adopten la nueva normativa e informen a sus estudiantes sobre la diferencia entre relaciones consentidas y el asalto sexual. También señala que “el silencio o ausencia de resistencia no constituye consentimiento y especifica que un acusado no puede alegar que había asumido que la víctima había dado su consentimiento cuando esta estaba ebria, drogada, inconsciente o dormida”. En algunos países, como por ejemplo Nueva Zelanda, también se considera violación con drogas cuando alguien las suministra a sabiendas y se aprovecha de su estado de semiinconsciencia para cometer actos sexuales. 

En España además de legislar en esta dirección es necesario adaptarse a los nuevos acontecimientos, es necesario prevenir y educar desde la infancia sobre sexualidad: qué es acoso, violencia sexual y qué es agresión sexual. Videojuegos como el GTA, al cual juegan la mayor parte de nuestros adolescentes/jóvenes (comprados por sus respectivas madres/padres) en el cual un hombre pide los servicios sexuales de una prostituta, le paga e instantes después la mata para recuperar el dinero, y, además, gana puntos. El acceso a internet (media del primer móvil 12 años) facilitó de manera exponencial el acceso a la pornografía, cada vez más precoz. Nuestros jóvenes están demasiado tiempo expuestos a contenidos en los cuales la mujer es en un sinfín de ocasiones un “objeto” sexual y con demasiada frecuencia se ejerce una violencia sobre ella. Esto implica que nuestros hijos, jóvenes y hombres, siguen construyendo su sexualidad a través de la “objetualización de la mujer”, con conductas machistas y agresivas que siguen sustentando a una sociedad androcéntrica que le sigue otorgando a los hombres una posición privilegiada y de dominio sobre las mujeres.