Opinión

Violencia tabáquica

Opinión

Violencia tabáquica

Más o menos, todo el mundo tiene claro que el tabaco es perjudicial para la salud, causa 52.000 muertes cada año en España (la relectura de la cifra daña la vista), pero hay mucha confusión respecto al vapeo a través de los cigarrillos electrónicos y a los nuevos dispositivos o sistemas electrónicos para la administración de nicotina como es el IQUOS y el JULL. 

La publicidad encubierta realizada a través de series de televisión, cine, libros, comics, videojuegos, fake news e internet con sus “influencers” remunerados por la industria de tabaco, ha tenido un éxito tan sorprendente como inesperado y como muestra es que el 20% de los estudiantes españoles entre los 14 y 18 años reconocen haber vapeado. Tal y como constata el informe elaborado por Campaign for Tobacco-Free Kids y Netnografica LLC las tabaqueras están publicitando cigarrillos y estas nuevas formas de administración de nicotina en plataformas de redes sociales tales como Instagram, Facebook y Twitter pagando a gente con influencia en las redes sociales; gente joven popular con muchos seguidores en línea; para que publiquen imágenes fumando o vapeando con los nuevos dispositivos de cigarrillos como parte de una estrategia de marketing documentada en más de 40 países incluido, por supuesto, España. Todos estos configuran el soporte donde se incrusta de manera sofisticada la publicidad 3.0.

El problema está en que los jóvenes (y no tan jóvenes) no saben que los vapeadores (e-cigar) presentan un riesgo similar al del tabaco convencional y no sirven para dejar de fumar, además de que no son sistemas seguros. El humo que desprenden los vapeadores contiene propilenglicol, que es un producto químico que se usa, por ejemplo, como anticongelante para los coches y que se acaba inhalando. Entre los productos que se inhalan en estos dispositivos hay glicerina y por supuesto se les añade nicotina habitualmente entre 6 y 24 mcg y aditivos alimentarios para obtener diferentes sabores, como menta, chocolate o regaliz y otras sustancias que desconocemos, porque al analizarlos después del vapeo, se han encontrado más sustancias de las que se indican en el envase como por ejemplo formaldehido, acetaldehido, acroleinas y metales como niquel, cromo y plomo. Solo los tres productos conocidos: la glicerina, el propilenglicol y la nicotina son perjudiciales, provocando cáncer y en concreto la glicerina, produce neumonía; además y en contra de lo que creen muchos usuarios no ayudan a deshabituarse del tabaco. Simplemente se cambia una forma de consumo por otra.

El IQUOS (I Quit Ordinary Smoking) es un dispositivo electrónico (diferente del e-cigar) calienta el tabaco mezclado con glicerina, fibras y “goma guar” a una temperatura de 300-350º sin alcanzar la combustión del cigarrillo convencional, que se consigue a 800-1.000º. No se produce pirólisis -o cambios irreversibles de la composición química del tabaco debido al calentamiento a altas temperaturas- y, en consecuencia, el humo que se libera es portador de un menor número de sustancias tóxicas para el fumador. Esta es, al menos, su estrategia de venta y marketing por que el humo liberado por IQOS contiene elementos tóxicos para la salud, destacando el acenafteno un hidrocarburo policíclico aromático cancerígeno. De hecho, en el propio envase se refleja la leyenda “este producto del tabaco es nocivo para la salud y crea adicción”. Su coste ronda los 100 euros y las recargas sobre 5 euros.

El último sistema electrónico para la administración de nicotina comercializado en España es el JUUL. Se trata de un vaporizador que utiliza un sistema de regulación de temperatura para calentar el líquido a base de nicotina. Ofrece un pico de absorción de la nicotina similar al de un cigarrillo, lo que hace que su uso satisfaga a los fumadores y “se enganchen” a su consumo. Tiene una forma alargada y delgada, que utiliza pequeñas capsulas con extracto de nicotina. Se carga en cualquier puerto USB y proporciona entre 150 y 200 caladas. Vapearse una cápsula entera (los JuulPods) equivale a fumarse unos 20 cigarrillos. La carga dura aproximadamente una hora y un dispositivo LED avisa constantemente del estado de la batería del JUUL para no tener que estar pendiente del estado de la carga. Su precio en EEUU, sobre los 40 dólares facilita su accesibilidad, sobre todo de los más jóvenes, causando en EEUU, primer país en comercializarlo, una auténtica epidemia entre los adolescentes. Los datos que llegan de EE UU son preocupantes: el aumento entre 2017 y 2018 del número de adolescentes (entre 16 y 18 años) que vapean ha sido el mayor incremento en 43 años en el consumo de sustancias tóxicas por parte de los jóvenes. Casi un 25% de los adolescentes del país asegura haberse enganchado al vapeo. Y el 80% de ellos tiene un Juul. En España se vende desde hace tres meses por 29,99 euros, sus ventas avanzan por delante de lo previsto por la empresa comercializadora en su plan estratégico para el mercado nacional. Sus dispositivos se venden ya en 3.100 estancos, un 25% del total, así como en 100 tiendas especializadas y online. La previsión de la compañía es, al terminar el año, alcanzar los 6.000 estancos, el canal donde se concentran sus ventas y a los que tendrán accesibilidad nuestros jóvenes.

El mercado del vapeo asciende a 70 millones en España, aunque se espera un crecimiento exponencial con la llegada de los nuevos dispositivos como el Juul o MyBlu, de Imperial Brands. Juul aspira a un 6% del mercado del tabaco, como ya ha hecho en EEUU. Esta cifra equivaldría en España a una facturación de 600 millones y por consiguiente, de forma proporcional, al número de personas que fallezcan por causa de su consumo.

En España, como casi siempre en cuestiones de consumo de drogas, el ministerio de sanidad sigue ausente, y ahora más que nunca es imprescindible desmontar esta “in-cultura del tabaco” absolutamente innecesaria para la vida.