Opinión

La balada del desentendimiento

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La balada del desentendimiento

Hasta que ceda el verano, los diarios han de arreglarse con lo que hay. Con lo que hay y con lo que tienen que nunca es mucho. Este verano, por ejemplo, mantuvo alto el espíritu y fue capeando el muermo hasta que se acabó el asunto político cuando los responsables de este magno desacuerdo que ha convertido los partidos en compartimentos estancos, cerraron el chiringuito y se fueron de vacaciones. Ninguno se soportaba entre sí, y a la ausencia permanente de ideas y talento hay que añadir una incompatibilidad personal que me recuerda a mí la de algunas formaciones en los tiempos dorados del rock and roll cuando todos se odiaban entre ellos. Estoy leyendo una estupenda biografía de los Kinks escrita por dos investigadores españoles –Manuel Recio e Iñaki García- en la que se da cuenta de las dificultades que tuvieron estos cuatro tipos para entenderse, los cuales salían todos los días al escenario a cantar juntos. Ray Davis no aguantaba a su hermano Dave, Dave odiaba al batería Mike Avory, Mike terminó rompiéndole a Dave la nariz de un puñetazo, y Pete Quaife, bajista resignado y tranquilo, convivía como buenamente le dejaban con los otros tres a base de no meterse en líos. El resultado es que los otros tres pensaban que Pete era un auténtico cínico. Un panorama imposible para compartir un proyecto e incluso una existencia, en cualquier otro lugar del mundo que no estuviera  gobernado por toneladas de flema inglesa.

Este escenario político al que hemos acabado dirigiéndonos parece escrito al mismo tiempo que “Sunny Afertnoon”, uno de los números más justamente alabados de la banda londinense. Sánchez humilla a Iglesias, Iglesias no aguanta a Sánchez, a Rivera le sacan de sus casillas ambos, Casado no se fía de Rivera, Rivera no se entiende con Sánchez, Abascal insulta a Casado, Casado desprecia a Abascal, Sánchez denosta a Rivera, Casado desprecia a Iglesias, Abascal no quiere a Rivera…

En semejante situación lo de menos es encontrar a última hora una fórmula para que Sánchez e Iglesias lleguen a un acuerdo, porque será un acuerdo viciado que no resistirá la prueba del algodón. Los periódicos, que se han pasado un mes resucitando secciones tan veteranas y manidas como “Qué fue de…”, comprenden que han de volver al más de los mismo. Una maldición bíblica.