El señor de los mocosos

El señor de los mocosos

Javier Moscoso no pasará en mi opinión a la historia por la brillantez de su gestión, su verbo fluido o su habilidad política, sino por haber instituido entre el funcionariado al que ha pertenecido toda la vida, la posibilidad de disfrutar de unos días libres a propia discreción cuyo número aumenta a medida que el favorecido va cumpliendo años de servicio. Esos días de libre disposición acabaron llamándose “los moscosos” en honor de este fiscal de carrera, ministro de la Presidencia y Fiscal General, fraguado en las filas de la vieja UCD de Suárez, que cruzó las alambradas hacia la izquierda como lo hicieron los dos pacos: Paco Fernández Ordoñez y Paco Vázquez, en lugar de cruzar a la derecha como lo hizo Martín Villa o Herrero de Miñón. Siempre se le observó con recelo a este señor, porque todo el mundo pensaba que era un político bastante mediano y de registros sorprendentes y nunca predecibles, aunque esa disposición para dotar de asuetos extraordinarios al funcionariado le granjeó no pocas simpatías. En una palabra, le tratamos todos con más cariño que respeto, si es que hay que explicarse.

Sin embargo, ahora hemos sabido que Zapatero le encomendó ponerse a negociar con ETA por lo bajinis acompañando en este marrón a Jesús Eguiguren que tampoco despertaba lo que se dice confianza. Al escuchar ahora los recuerdos que se le despiertan sobre aquellos hechos vividos a principios del siglo actual, uno tiende a pensar que Zapatero reflexionó y pensó –entonces reflexionaba y pensaba- que poner a Eguiguren alguna compañía que lo tuviera sujeto y lo atemperara sería un paso necesario para que las conversaciones con la banda terrorista no se fueran de madre. Trece años después de aquello, Moscoso ha cantado bajito para explicar lo que se puede explicar de aquellas conversaciones que honestamente no tengo ni idea de cómo salieron, si bien lo único que sé es que en mitad de aquel juego del escondite inglés que impedía a los negociadores saber dónde tenían que aterrizar para continuar el turno, pusieron una bomba en Barajas en la que murieron un par de inocentes si no recuerdo mal. De Eguiguren no se ha vuelto a saber nada, quizá por fortuna porque sus últimas manifestaciones no presagiaban nada bueno. De Moscoso se sabe ahora, con 84 años a la espalda.