Opinión

En el aire

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Dicen juristas y politólogos, opinantes independientes, periodistas serios y no alineados, y aquellos políticos que todavía conservan intacta su concepción integradora, positiva y seria del Estado, que Sánchez ha cometido un error gravísimo tratando de adulterar la normativa para la renovación del Consejo del Poder Judicial y más aún, apelando a un Real Decreto para llevar a cabo esta muestra de control, acorde con el tiempo hacia el que vamos, el de truco o trato. A la respuesta que ha arrancado una maniobra semejante en depósitos de opinión muy ilustrados y contundentes de la sociedad española, se ha sumado la intervención de Europa y sus instituciones, lógicamente preocupada por el deseo insaciable del Ejecutivo de Madrid por acaparar la tienda y cantar lo que cantaba ABBA. “The winner take all” o sea, “el ganador se lo lleva todo”.


Lo que sí parece desprenderse de este ámbito polémico que ha generado el asalto al CGPJ a la bayoneta calada que había resuelto Sánchez para orillar el diálogo propio de una situación que necesita diálogo, es que no todo puede hacerse. El Gobierno supuso que nadie iba a abrir el pico por una modificación más o menos, y se dispuso a cometerla con la soltura que tienen los guapos al caminar. Por tanto, legisló con largueza, saltándose a la torera todas las reglas que custodian y defienden la independencia del Poder Judicial. Y sin embargo, sectores sensibles de esa ciudadanía que a Sánchez y su vicepresidente les parecen prescindibles supongo, reaccionaron advirtiéndole de lo que podía pasar si se empeñaba en cruzar una frontera muy peligrosa y tan alarmante como acabar por decreto con esa sacrosanta ley que distingue y caracteriza la democracia. Sánchez se ha mordido la lengua y el disparate que estaba a punto de acometer se ha quedado suspendido por el momento en el aire. No hay muchas rutas para aligerar el potaje porque el PP exige que Podemos se mantenga al margen de esta renovación que es como exigir la ruptura del pacto. Pero en un escenario de una distribución política tan inestable, el diálogo, el intercambio, el mercadeo, el contrapeso y las razones, obligan a entenderse con las reglas del juego perfectamente fijadas. Pues eso.